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  • Weapons

    Last night at 2:17 am every child from Mrs. Gandy's class woke up, got out of bed, went downstairs, opened the front door, walked into the dark ...and they never came back.

Cuando Zach Cregger lanzó Barbarian, que a este servidor le resultó interesante hasta la mitad, nunca pensé que con Weapons alcanzaría lo que en aquella vez no se consiguió.

Se trata de una película redonda, donde dirección y guion, a cargo de Cregger, funcionan con absoluta precisión desde el inicio hasta el desenlace. De hecho, cuando la narración comienza a mostrar señales de desgaste, el director corta de forma inteligente para entregar un cierre contundente. Y aunque el filme tenga ciertos altibajos (alguna escena cuestionable con el policía o dudas en torno a la aparición de Gladys), la estructura episódica contribuye a que todo encaje, al presentarse como un POV que permite justificar lo que pudiera quedar en el aire.

Weapons

La historia expone cómo 17 niños de un colegio, una noche mientras todos dormían, se levantan y salen de sus casas corriendo, sin volver a aparecer jamás. El pueblo está desesperado, los padres angustiados y nadie logra descifrar la causa de lo ocurrido. En paralelo, se presentan los puntos de vista de Justine, la profesora del centro; Archer, padre de uno de los desaparecidos; Marcus, el director; James, un drogadicto de la calle; Paul, un policía, y Alex, el único niño que no ha desaparecido.

Cregger fragmenta la narración en un rompecabezas cuyas piezas terminan por conectar en una tesis poderosa: cómo el dolor y la desesperación pueden convertirse en armas nucleares cuando el trauma es colectivo, desembocando en la implosión de toda una sociedad. Hay ecos de cine de autor camuflados en un thriller popular, con la ambición de un drama coral que recuerda a los primeros trabajos de Paul Thomas Anderson. Todo esto bajo la superficie de un terror psicológico sombrío que alterna lo perturbador con destellos de comedia negra que amplifican el desconcierto. Y, al mismo tiempo, funciona como alegoría del uso de armas en Estados Unidos, particularmente en los colegios, y del impacto devastador que generan en su entorno.

En Weapons se apuesta por una fotografía sobria, contrastes limpios y encuadres que parecen regular el oxígeno en cada plano. El montaje es paciente, casi cruel en la manera en que administra la tensión. La banda sonora, discreta pero de pulso inquietante, no busca protagonismo, aunque sí advierte al espectador que algo explotará sin que pueda anticipar cuándo. Josh Brolin ofrece una interpretación intensa y medida, mientras Julia Garner aporta una contenida tensión muy efectiva. El resto del elenco cumple con firmeza e incluso algún secundario logra brillar, como Amy Madigan en su papel de Gladys, un personaje inquietante que, con escasos minutos en pantalla, carga con gran parte del peso de la obra.

Cregger evita recurrir a trucos fáciles: prefiere construir, pieza a pieza, un laberinto narrativo que combina tensión pura, impacto y un humor tan negro como inesperado. Algunas decisiones pueden debatirse, pero la convicción con la que sostiene su visión logra que incluso los excesos resulten coherentes dentro del juego.

Quizá haya un sector de espectadores que no asuma la resolución de la trama; en ocasiones es necesario dejarse arrastrar por la propuesta. No existe una explicación lógica al enigma, y es ahí donde la fantasía se abre paso. Weapons es un viaje: dos horas hipnóticas en las que resulta imposible apartar la mirada de la pantalla, con una historia desbordante de giros e hilos narrativos entrelazados. Ese es otro de sus méritos, al tratarse de una obra coral donde cada personaje clave tiene su propio segmento, que se cruza con los demás y ayuda a encajar las piezas con sorprendente fluidez.

Veredicto

Un film de terror emocional con algo de humor negro muy inmersivo, una película que pasara claramente a film de culto, ya que posiblemente sea una de las mejores de estos últimos años.

8 / 10