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En The Social Reckoning hay una escena en la que Jeremy Strong, que interpreta a Mark, da una especie de discurso sobre el poder de las redes sociales e internet que fácilmente pudo haber sido una audición para interpretar a Lex Luthor en Superman.

Y es que, lamentablemente, Aaron Sorkin, que funge como director además de guionista, sube la apuesta y reconstruye la historia real del escándalo de Facebook filtrado en 2021 en una especie de The Newsroom moderna. Porque si David Fincher, en la increíble The Social Network, entendía que estos personajes son humanos, Sorkin, al contrario, cree que son una especie de villanos caricaturescos que se la pasan haciendo planes malévolos y dando discursos extraños sobre conquistar el mundo.

Claro, es una película necesaria, algo densa, de esas en las que tienes la sensación de que te pierdes un poco entre los datos y los diálogos rápidos y afilados, con un ritmo que te obliga a estar atento porque cada frase contiene información crucial de la que no tienes idea, pero que te mantiene ahí. Sin embargo, pasado el primer acto, ya estás agotado porque piensas: “¿Todos son así?”. Dividido en un prólogo y tres capítulos que se mueven en constantes saltos temporales, este thriller periodístico se encamina hacia un llamado a la acción evidente y cae en paralelismos vacíos.

Sí, estoy de acuerdo en que Sorkin es un excelente guionista, y me encanta, pero no es tan buen director, y en The Social Reckoning, su apuesta más arriesgada hasta la fecha, eso se nota bastante. Y es extraño, porque en The Trial of the Chicago 7, a pesar de tener muchos de los elementos con los que juega aquí (saltos temporales, diálogos afilados y rápidos, momentos in crescendo muy de novela, etc.), los sabe manejar mucho mejor porque le da tiempo a la pausa y convierte a sus personajes en humanos. Allí el sistema judicial no es un enemigo, sino un personaje que está en el bando contrario al de los protagonistas; en cambio, en The Social Reckoning esperaba que el equipo de Facebook tuviera una base secreta o algo así.

Entiendo el planteamiento de Sorkin, quien ha hecho carrera debatiendo sobre el estado de la sociedad, la política, el periodismo o la ética profesional (en EE. UU.) a través de un marcado idealismo romántico que busca hacerse fuerte en la defensa de la decencia cívica, el debate intelectual, el rigor laboral o la aspiración a un estándar moral más alto. Pero aquí se le acaba notando demasiado lo ridículo. Porque la película no logra (o, mejor dicho, no permite) que sus personajes actúen. Si The Social Network trataba sobre las conexiones humanas (unos chicos que crean una plataforma para estar más unidos, pero que terminan destruyéndose entre ellos), The Social Reckoning convierte todo en un campo político estadounidense donde todos, y cuando digo todos son TODOS, son tan inteligentes, tan capaces, tan despiertos y tan, pero tan éticos, menos, claro, nuestro villano.

The Social Reckoning

Jeremy Strong, si acaso está actuando, lo hace de la forma más extraña posible, porque Sorkin lo obliga a dar discurso tras discurso y a gritar a cada rato. Mikey Madison (Anora) y Jeremy Allen White (The Bear) se la pasan hablando y soltando datos que pueden ser interesantes al inicio, pero que terminan cansando. Wunmi Mosaku (Sinners), junto a Betty Gilpin (The Hunt) y Billy Magnussen (No Time to Die), están ahí como relleno, y Bill Burr, bueno, suelta unos diálogos interesantes, pero igual parece más relleno que otra cosa.

Por otro lado, la música ahora corre a cargo de Alexandre Desplat, que por momentos busca parecerse a lo logrado por Atticus Ross y Trent Reznor, mientras que la fotografía sigue en manos de Jeff Cronenweth, aunque aquí sí hay momentos en que lo digital canta demasiado.

The Social Reckoning está hecha al gusto de Aaron Sorkin, tal como su serie The Newsroom: la grandilocuencia está en todo, pero las emociones no existen. Hay villanos y héroes según la moral del director, quien nos dice quiénes lo son y quiénes no.

Veredicto

Si Lex Luthor da dialogos pretenciosos, es porque «The Social Reckoning» ha sido estrenada.

4 / 10

Netflix ha confirmado una noticia que ha despertado el malestar de muchos: Mindhunter está “detenida indefinidamente”.

Las aventuras investigativas de Holden Ford, Bill Tench y Wendy Carr están estancadas por la cantidad de proyectos que tiene su creador David Fincher y que hace que su agenda no le permita trabajar en ella.

David está enfocado en dirigir su primera película para Netflix, “Mank” y en producir una segunda temporada de “Love, Deaths and Robots”.  Puede que vuelva nuevamente a “Mindhunter” en el futuro, pero mientras tanto él sintió que no era justo para los actores evitar que buscaran otro trabajo mientras él estaba explorando su propio trabajo.  Ha explicado un representante de Netflix.

La plataforma en ese caso ha decidido liberar los contratos de los protagonistas, lo que explicaría el porqué Jonathan Groff (Holden Ford en la serie) ha tomado un papel para “Matrix 4” mientras que Holt McCallany (Bill Tench) en la serie ha fichado con Guillermo del Toro para “Nightmare Alley”.  De la que no sabemos nada es de nuestra querida Anna Torv (Wendy Carr en la serie) pero no dudamos que pronto conozcamos algo sobre ella.

Son pocas las precuelas, reboots o remakes que llaman la atención hoy en día, y eso se debe mas porque nunca funcionan igual o mejor que la original, si no mas bien lo contrario. Pero como siempre, eso dependerá de quienes estén detrás del proyecto, como es el caso actual.

Según Varity, el director David Fincher sigue trabajando con Netflix y esta vez para llevar una precuela del mítico clásico de 1974, llamado “Chinatown”. Pero no solo Davin Fincher esta en el proyecto, también cuentan con Robert Towne, quien escribió el guion original de la película y se llevo un premio Oscar por el libreto.

La historia del detective Jake Gittes (interpretado por Jack Nicholson en ese entonces) y que recibió un encargo de investigar una supuesta infidelidad pero se ve envuelto en un mundo de corrupción y conspiraciones, tratara de los encargos anteriores que ha tenido el detective.

Sin fecha de estreno, Fincher dirigiría algunos episodios ademas de servir como productor.

Es cierto que la plataforma de streaming llamada Netflix tiene un catálogo un tanto insípido, pero naturalmente, como todo en la vida, tiene sus productos de alta calidad como son la serie alemana ‘Dark’.  Tambien ‘House of Cards,’  ‘Stranger Things’, ‘Ozark’ o la serie que nos compete, ‘Mindhunter’.

En la primera temporada de la serie asistimos al agente Holden Ford (interpretado por un Jonathan Groff soberbio), Bill Tench (Holt McCallany que no pasa desapercibido) y a la psicóloga Wendy Carr (Anna Torv), quienes creaban un nuevo departamento del FBI que buscaba analizar el comportamiento humano orientado a los asesinos en serie.  Para esta segunda temporada, ya con el departamento establecido, se busca ser más prácticos e ir al “trabajo de campo”.  Vamos a explicarlo con detalles.

Inicia Exactamente Donde La Dejamos

Algo que opta la serie (y agradecemos) es el hecho de eliminar “falsos inicios” en donde de alguna manera nos introducen nuevamente sea con explicaciones o con un tono lento.  ‘Mindhunter’ no es así e inicia exactamente donde la dejamos la temporada pasada.  David Fincher se encarga de dirigir los primeros capítulos y en estos se enfocan en cerrar algunos hilos que quedaron sueltos en la primera temporada y nos adentra más en los personajes, mezclando las entrevistas y casos con la vida privada de ellos.  Pero esta vez, enfocada mucho más en todo el aspecto que conlleva una investigación.  Las entrevistas siguen pero nos dividen los grupos y eso lo agradecemos, porque tenemos escenas donde Ford y Tench, juntos con Jim Barney (Albert Jones) están en plena investigación mientras que Carr está entrevistando junto con Gregg Smith (Joe Tuttle)

La serie mantiene ese aire característico del director (aquí también como productor) con una fotografía a manos de Christopher Probst y Erik Messerschimidt emulando esos colores sombríos y fríos, una edición rápida y contundente de Kirk Baxter (quien es un viejo conocido de Fincher ya que han trabajado juntos desde hace tiempo), diálogos poco explicativos y muchas, pero muchas miradas.

Mindhunter es tan buena en su forma y contenido que aún sobresale más por sus pequeños detalles. Esto es, lo que te ataca directamente más allá de los cinco sentidos. Fracciones de segundos, gestos, una palabra, una imagen.  Todo tiene importancia. Y todo ello se condensa en los brillantes diálogos durante los eternos viajes en avión o coche, en las prisiones estatales o las comisarías donde imparten el novedoso programa los agentes del FBI.

Veredicto

Nuestro veredicto es que ‘Mindhunter’ temporada dos tiene un buen ritmo, no pierde el tiempo y evoluciona completamente, tanto en los personajes como en su trama y su forma de contar las historias.  No tiene miedo en poner o quitar.  Fácilmente puede estar en el renglón de las mejores series del año 2019 y entre lo mejor del catálogo de Netflix.

8 / 10