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Siempre he elogiado la audacia y la innovación de las narrativas, y en “Severance” se cumple con creces. Porque cuando pensábamos que el argumento no podía extenderse más, le dan la vuelta y continúan expandiendo. Tal vez el único fallo que tiene la producción, es que Apple TV no la publicita como es debido. Es casi inaudito que tengan en sus manos esto y no sean capaces de hacer una campaña tan grande como hace, por ejemplo, Netflix, HBO Max o Disney. ¡De por Dios, pero si no hace mucho HBO presumía con The Idol y Netflix no hace poco consideraba a Uglies para premiaciones!

Claro, no hay perfección como un reloj suizo, con “Severance” y al igual que otras grandes producciones con audacia e innovación como “Dark” o “Mr. Robot”, tienen uno que otro tropiezo, pero son tan ligeros, tan mínimos, que apenas se notan. Y es que, la narrativa de los cuatro empleados de Lumon Industries, que separan sus recuerdos donde la vida privada y la vida laboral no congenian (creando incluso dos personalidades) da giros inesperados e incluso toma riesgos tan difíciles, que muy pocas producciones lo hacen porque pueden hasta perder espectadores, pero como mencioné, al igual que “Dark”, es lo que hace que podamos mantenernos enganchados en ella.

Severance

El entorno laboral, más o menos amigable, más o menos hostil, nos obliga de forma irremediable a contener nuestro auténtico yo. En un ambiente con sus jerarquías, con sus desequilibrios, resulta imposible ser uno mismo. Es probable que nuestro entorno más cercano se sorprendiera con nuestra versión laboral, como nuestros compañeros de trabajo se sorprenderían viendo nuestro “yo” real. Y este planteamiento lo llevan al extremo en un escrito magistral y estrictamente bien estructurado.

Mi mayor asombro ha sido que, a pesar de que el planteamiento que nos presenta es tan complejo que puede hacer aguas por todas partes, se ha construido un escrito sin fisuras, tan compacto como el hermético entorno laboral en el que se desarrolla la historia. Otro gran mérito es que, trabajando con elementos de escrito casi infantiles (las recompensas por el empleo bien hecho) y con tecnologías tan contradictorias con el avance estratosférico en el que se basa la narrativa (música en vinilo, grabaciones en cintas de casete) que podrían dar hasta risa, se haya evitado un resultado final casi catastrófico.

Y resulta que, todo lo contrario: la fuerza del escrito y la calidad de las actuaciones es tal que incluso estos elementos potencian el buen resultado. Porque en esta temporada se suman nuevos rostros como es Gwendoline Christie en una figura soberbia, Bob Balaban, o Alia Shawkat que también logran conectarnos completamente a este mundo.

Ambientación minimalista, tan blanca como asfixiante y figuras muy, muy simples, acorde con el empleo que desarrollan, dan forma a una historia, como menciono, muy; muy compleja. Y Ben Stiller sabe salir, no solo airoso, sino triunfante gracias a todos estos componentes y a un buen trabajo de dirección. Claro, detrás de esta genialidad está Dan Erickson, creador de la producción y quien en el 2016 le entregó el borrador de escrito a Ben Stiller quien quedó tan atrapado por la historia que sin titubeos decidió producirla (y nos alegra que haya sucedido porque no me quisiera imaginar que el escrito de “Severance” esté guardado en un cajón).

La producción tiene enigmas, tiene misterio, sí, pero por suerte no llega a niveles absurdos, y dentro de su lógica, planteada magistralmente al inicio de la primera temporada, funciona y se mueve. Aquí tenemos una puesta en escena por momentos surrealistas, por momentos claustrofóbica o incluso turbia, pero también hay momentos reconfortantes. Y las figuras son muy buenas, todos ellos con una personalidad bien definida y absolutamente todos tienen un desarrollo a lo largo de la producción, que no se olvida de nadie incluyendo a los nuevos y cerrando arcos de los antiguos.

Así como mencioné en la reseña de “Shogun” hace un año, donde vaticinaba que sería la producción 2024 a nivel de premios y críticas, lo mismo sucederá con “Severance”, porque esto es, por lo que empezamos a ver producciones: originalidad, desarrollo y sobre todo, entretenimiento.

Veredicto

¿Debo dar mas razones para que vayan a verla?

9 / 10

Severance narra como Mark Scott (Adam Scott) dirige un equipo en la empresa Lumon Industries, cuyos empleados son sometidos a un procedimiento quirúrgico que separa sus recuerdos entre su ámbito laboral y su vida personal.  Este atrevido experimento se pone en tela de juicio cuando un ex empleado se le aparece fuera de la empresa a decirle que las cosas no son como él cree.

El entorno laboral, más o menos amable, más o menos hostil, nos obliga de forma irremediable a contener nuestro auténtico yo. En un ambiente con sus jerarquías, con sus desequilibrios, resulta imposible ser uno mismo. Es probable que nuestro entorno más cercano se sorprendiera con nuestra versión laboral de la misma manera que nuestros compañeros laborales se podrán sorprender con nuestra vida privada.  La serie de Apple TV va un paso más allá y se plantea qué ocurriría si un implante cerebral permitiera separar esas dos facetas. Durante la jornada de ocho horas dejaríamos a un lado nuestra vida personal, que retomaremos al fichar la salida. Dos vidas completamente separadas, ajenas la una de la otra. El sueño cumplido de toda empresa, que dispondría de una legión de subordinados libre de taras mundanas, y de todo aquél workaholic que incomprensiblemente se lleva el trabajo a casa.

¿Qué individuo sería capaz de someterse a semejante barbarie? Es uno de los muchos interrogantes que plantea la serie, cuyos cuatro protagonistas, aparentemente sin nada en común, tan solo se conocen en el ámbito laboral. Una vez se adentran en el ascensor de la empresa, con una salida escalonada cada cinco minutos, se convierten en absolutos desconocidos y retoman su vida personal.

Producida y dirigida por Ben Stiller, “Severance” es lo opuesto a la comedia. Es un thriller de ciencia ficción de lo más absorbente y enigmático, con un ritmo y una atmósfera muy particulares, rozando por momentos el surrealismo, pero con una voluntad muy clara de reflexión sobre los límites de nuestra propia intimidad.  Una serie que fácilmente puedes tirarte en un solo día buscando respuesta, cómo había logrado las tres temporadas de Dark en su salida con los espectadores.

La serie reproduce a la perfección los esquemas, los roles y las dinámicas de toda organización empresarial. Los protagonistas, sin ir más lejos, pertenecen a un departamento de nombre rimbombante cuya función prácticamente desconocen.  Pero es en el misterio, en la incógnita, donde reside el gran interés de esta apasionante serie.

La premisa narrativa de Severance es muy directa y potente, pero la manera en la que Stiller la pone en marcha va más por el lado de lo enigmático y hasta de lo incomprensible, optando más por la extrañeza del espectador que por su activa participación en desentrañar el misterio. De a poco eso va girando, pero de un modo poco usual.  Aquí el director (de casi todos los capítulos) sabe manejar la información, entregando de a poco las respuestas.

Hablar más allá de lo que el guión ofrece, como en actuaciones, música, y otros, es perder el tiempo.  Aquí nada sobra y nada está mal.  Las actuaciones TODAS son buenas.  Desde John Turturro (Barton Fink) a Patricia Arquette (Medium) y de Christophen Walken (El Francotirador) a Zach Cherry (Succession) pasando por Adam Scott (Big Little Lies) y cualquier otro que se empiece a pasear en pantalla, hasta la música de Theodore Shapiro que es poderosísima y la fotografía fría de Jessica Lee Gagné para demostrar lo frío que es el mundo corporativo.

Severance está repleta de dardos envenenados contra la cultura corporativa, sobre todo aquella que promueve el optimismo como motor existencial, la mitificación de los CEOs o risibles sistemas de incentivos para mantener contento al personal.

Veredicto

La serie es un triunfo por donde se le vea: las actuaciones están al nivel de la angustia existencial que se plantea, el diseño de producción resulta en eficaz herramienta para incrementar nuestra sensación de encierro y el guión nos hace pensar en la cualidad ambivalente del trabajo.  Una verdadera joya.

9 / 10