“The Boys” es sin duda una de las mejores series que existen. Todo lo referente a la serie es una crítica paródica sobre la política, el entretenimiento y las conversaciones de masas a nivel mundial, empujada en una trama de superhéroes.
Cuando Marvel anunció que “Deadpool” era una propuesta arriesgada, parece que no habían visto la creación de Eric Kripke, Evan Goldberg y Seth Rogen, quienes no han tenido el mínimo pudor para guardarse algo, y en esta última temporada tiran todo al asador y aceleran sin frenos.

La trama se la saben todos: un grupo llamado “The Boys”, que son humanos, está luchando contra una corporación que controla a los superhéroes, y tanto la empresa como los héroes son personajes horrendos en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, temporada tras temporada, la serie va avanzando con una subtrama mucho más interesante, la cual en esta última —siguiendo lo que había quedado en la 4.ª temporada— muestra a Homelander encontrando una forma de ser eterno y no envejecer, por lo que busca por todos los medios posibles lograr ese objetivo, mientras que el mundo está totalmente polarizado, creando una especie de guerra civil, y “The Boys” buscan detenerlo.
La mirada más desesperanzada sobre una sociedad desencantada y necesitada de ídolos a los que aferrarse se hace más evidente, y aquí el guion es el que hace gala de presencia. A diferencia de temporadas pasadas, y que a partir de la 4.ª los creadores querían dejar claro que Homelander no es un personaje al cual seguir y lo llevaron a depravaciones morales más salvajes posibles, aquí van por el mismo camino e incluso un poco más, porque le suman un nivel al escalón uniéndolo con otro personaje cuestionable, como es Soldier Boy, y llevando todo esto a la política directa. El guion es genuino, satírico, pero sobre todo muy directo y no busca irse por las ramas. Categorizar la serie como “woke” es sin duda no haberse dado cuenta de que siempre lo fue y que siempre fue política; sin embargo, anteriormente fue muy, pero muy sutil en sus críticas y sátiras, mientras que ahora es bastante directa y clara. De hecho, tiene una escena muy particular —que no desvelaré porque es spoiler— pero que es abiertamente algo que se vio en la política estadounidense no hace mucho tiempo, haciendo que sepamos de antemano lo directa que busca ser.

La guerra de superhéroes es más ideológica; utilizan muchos metamensajes, se aprovechan de la psicosis colectiva, y todo esto se logra de manera efectiva con actuaciones impecables. Los nuevos personajes están muy bien logrados a nivel de actuación, pero no nos equivoquemos: lo que no es sorpresa es la interpretación de Karl Urban, que está espectacular. Laz Alonso también logra tener mejor tiempo en pantalla, y sin duda Tomer Capone como “Frenchie” y Karen Fukuhara como “Kimiko” están muy acertados. Pero todo el pastel sabemos que se lo lleva Antony Starr con su interpretación de “Homelander”, que en esta ocasión, como última vez, es magnífica. No solo ha sabido mantener la calidad psicótica, sino también la emocional, porque en esta última oportunidad está totalmente desquiciado y al punto de explotar. Totalmente impredecible.
Todo lo demás está bien. Cumple como siempre. La música pasa súper desapercibida, los efectos están bien logrados, y la ultraviolencia es, como siempre, gráfica y exagerada.
Al final del día, “The Boys” es una de las mejores series, como ya he dicho, y sin duda será tema de conversaciones en redes y fuera de ello. Estoy deseando que Amazon, en su eterna hipocresía, la quiera vender de forma física para comprarla en Blu-ray y no tener que depender de una suscripción para verla… tal como hace Vought.



