Volvemos al mundo de John Wick con un spin-off de Ballerina, personaje que ni siquiera sale en la saga, sino que su organización se menciona en —no recuerdo cuál de todas—.

En este caso, la historia sigue a Eve Macarro, una asesina entrenada por la Ruska Roma desde su infancia, la misma organización criminal encargada del adiestramiento de John Wick. En esta violenta historia de venganza, Eve intentará por todos los medios averiguar quién está detrás del asesinato de su padre. En su lucha por conocer la verdad, tendrá que atenerse a las normas de la Alta Mesa y, por supuesto, a las del Hotel Continental, donde descubrirá que existen secretos ocultos sobre su pasado.

Ana de Armas, quien lleva el peso de la película y es, en este caso, la “Wick” femenina de la función, quizás no consigue llenar la pantalla como lo hace Keanu en sus cuatro entregas principales. Aun así, hay que decir a su favor que defiende muy bien el papel de Eve y se convierte perfectamente en una más de este universo. Por momentos, incluso, tiene una magia que engancha, y tal vez su problema no está en la actriz ni en la dirección —que se encarga bastante de darle toda la fuerza necesaria—, sino en un guion que parece no aprovechar lo que tiene entre manos.

Len Wiseman emula muy bien el universo de Chad Stahelski y David Leitch, y no solo por la aparición de personajes de la franquicia como The Director (Anjelica Huston), Charon (Lance Reddick), Winston (Ian McShane) y el propio John Wick (Keanu Reeves), sino también por su ambientación idéntica, la inclusión de El Continental, la Ruska Roma y el uso de la colorimetría en algunas de las escenas, algo con lo que se juega mucho en la franquicia y que aquí también se hace, aunque en menor medida. Puede parecer un error situarla entre la tercera y cuarta entregas principales, pero sabiendo el final de la cuarta, es lo más lógico. Aunque ya están hablando de seguir la saga de Wick… pero esos son otros quinientos.

“Ballerina” tiene también como punto a favor las escenas de acción, de nuevo emulando el estilo de Wick, pero adaptándolo al personaje de Eve, quizás más vulnerable que este. Muchas escenas con armas blancas, muchas escenas con armas de fuego, y unas en concreto con fuego que me han encantado. Es cierto que el grueso de la trama está más al inicio, para ponerte en contexto de quién es Eve y qué es lo que vamos a ver, y luego lo demás se centra en la acción, en algunos casos explícita. Pero tiene un desarrollo extraño, con altos y bajos constantes, donde se notan ciertos cortes en edición que estropean ligeramente el producto final. Aunque nada que vaya y arruine la experiencia cinematográfica.

Dicho todo esto, estamos ante un spin-off que, si bien no aporta nada nuevo a la franquicia ni al lore —tan solo contarnos la historia de Eve—, es entretenido y tiene una acción bien resuelta. Y es extraño que con Furiosa: Una saga de Mad Max sí se aporte algo más al lore, pero no resulte tan sólida, mientras que “Ballerina”, a pesar de no hacerlo, se consagra como una mejor película.

Es posible que pueda ser una saga aparte de la original, pero no le veo mucho más recorrido. Técnicamente, es impecable y el apartado sonoro es maravilloso.

Veredicto

Si esperas algo tan grande como cualquiera de las cuatro películas originales, te decepcionará. Siéntate, y descubre la historia de Eve (con algún giro por ahí), sin pretensiones.

6 / 10

How to Train Your Dragon es, sin muchas vueltas, una copia de la animada. Pero espera, que sé que es producida por la misma casa (DreamWorks) y sé que la original tiene 15 años que salió, pero aun así no es justificable.

La era dorada de la animación fue a finales de los 80, gracias a Disney con la fabulosa “La Sirenita”, la cual no solo creó un estilo de animación, sino que abrió las puertas a muchas cosas (nominaciones en premios, actores famosos prestando sus voces, merchandising, canciones de las películas compitiendo con artistas pop de la época, etc.). Fue algo que nadie vio venir y que se exprimió tanto hasta inicios de los 2000, cuando los estudios fueron poco a poco cambiando a un estilo más digital que no terminó de convencer a muchos. Años más tarde llegó el 3D a la animación, con la esperanza de un nuevo boom, pero no fue así. Claro que tuvo sus momentos, como “Frozen” o la misma “How to Train Your Dragon”, pero seamos honestos: no era como en los 90, cuando cada película animada era esperada y se convertía en el blockbuster del año, salvo algún que otro filme (como “Anastasia”).

Disney ha vuelto a cambiar el juego, y esta vez para peor: los live actions. Los filmes animados del pasado ahora pasan por el filtro del realismo. La magia animada ha quedado en segundo plano y, en la casa de las ideas, lo han dejado para sus plataformas o para que Pixar se encargue de ello. Otros estudios también quieren probar suerte por esos caminos. Aquí entra DreamWorks, llamando nuevamente al director de las animadas, Dean DeBlois, para que realice una copia de su película original, pero esta vez con actores de carne y hueso y efectos especiales para lo demás.

Si hablamos de fidelidad, este es sin duda el live action más fiel de todos los que he visto en estos últimos años, al menos en términos de trama, banda sonora y escenas calcadas. Tanto, que no sé si llamarlo fidelidad o simplemente copiar lo que ya está hecho y volverlo a hacer con actores reales para seguir sacándole beneficio a la marca. Es como estar viendo lo mismo pero en carne y hueso, y eso rompe cualquier sorpresa o giro. Además, no se esfuerza en añadir algo nuevo o diferente que aporte más, salvo alguna escena alargada. Es simplemente un copia y pega. Muy bien hecho, sí, pero un copia y pega al fin y al cabo.

Es inaudito cómo el filme no aporta absolutamente nada. Ni siquiera corrige los errores que tuvo la anterior, que —para ser honestos— vi hace poco (nunca la había visto), lo que me hizo darme cuenta de cómo el live action pierde fuerzas. Claro, tal vez dirán que para eso se crean estos “remakes” (me cuesta llamarlos así), para que alguien que no haya visto la original pueda verla, y también ver la nueva. Pero eso solo funciona cuando el remake aporta algo que la otra no tiene o cuando la original tiene una magia excepcional. En este caso, la original es buena, pero no mágica, y el remake es… una copia.

Donde más cambios he notado es en el casting. Por un lado, Gerard Butler retoma su papel como Estoico el Inmenso, el padre de Hipo. Él le puso voz en la versión animada y aquí está de 10: conoce perfectamente al personaje y es idéntico a como era en la versión de 2010. Bocón, interpretado por Nick Frost, mantiene parte de su esencia y, junto a Butler, son lo mejorcito. En cuanto a Hipo, interpretado por Mason Thames, me ha parecido un acierto. Encaja bien, se parece ligeramente al original, y es un Hipo creíble. El problema viene con sus compañeros, pues para mí casi todos han perdido el carisma que tenían en animación. Los peores son, sin duda, los gemelos Chusco y Brusca: una decepción. ¿Qué les han hecho? Harry Trevaldwyn y Bronwyn James interpretan a estos personajes que no podrían ser más diferentes a la versión animada. Toda la vis cómica que tenían en la original se ha perdido, y nos quedan dos gemelos que no se parecen entre ellos en nada y que no tienen ningún tipo de feeling, ni entre ellos ni con el espectador. Incluso en la película hay un chiste sobre si son gemelos de verdad o no, porque no se parecen absolutamente en nada.

Después de esto, hablar de la música, por ejemplo, parece un chiste de mal gusto. Inaudito que estuviera viendo la animada y sintiera que escuchaba la misma música que en la nueva, solo que con ligeros cambios. No puede ser algo así.

“How to Train Your Dragon” es una película entretenida que solo copia a la anterior animada. No más, no menos. Es irse a lo seguro porque no quieren que les suceda lo mismo que con Snow White, en donde hay tantos cambios y tantas revisiones de la época actual con la moderna que simplemente se convierte en un fracaso económico.

Veredicto

¿Entretiene? Si, claro que si, pero es una oportunidad perdida por el estudio.

6 / 10

Recuerdo vívidamente cuando vi Lilo y Stitch en el cine con mi madre y mi hermano. Un mega éxito que se tradujo en millones de ventas en VHS y la nueva tecnología del momento, los DVDs, ser una de las favoritas en El Maravilloso Mundo de Disney, y hasta tener no uno sino tres programas de televisión. La idea de mezclar una historia de ciencia ficción de extraterrestres con el paisaje paradisíaco de Hawaii y soundtrack de Elvis Presley era tan creativa e inesperada que, o funcionaba muy bien, o era un desastre. Y, con suerte para Disney, fue lo primero.

Así que era obvio que tarde o temprano llegaría la hora en la que la compañía de Mickey querría contar esa historia de nuevo, siguiendo su tendencia de adaptar sus éxitos dorados a live actions como Mufasa y Blancanieves. Estos, como todos los demás, han estado acompañados desde el día uno con controversias sobre el cast, las decisiones artísticas y los cambios en la historia.

Escapando de una condena segura, el experimento 626, un adorable monstruo híper inteligente, fuerte y programado para la destrucción huye al planeta tierra. Llega a Hawaii, donde, para escapar de sus perseguidores, su creador Jumba (Zach Galifianakis) y el agente Pleakley (Billy Magnussen de Roadhouse y No Time To Die), se convierte en la mascota de Lilo, una peculiar niña que vive con su hermana mayor Nani, la cual batalla para mantener su custodia legal. Lilo nombra Stitch a su nueva mascota, y juntos sembrarán caos en la isla, a veces de manera intencional, otras veces no tanto.

 Como adaptación, veremos una historia fiel con ligeros cambios hasta la mitad, luego del cual toma decisiones artísticas más divorciadas del material original. Es entretenida porque se basa en proyecto sólido que demostró funcionar, divertir y emocionar una vez. Debo decir que el casting hizo un trabajo estupendo al encontrar a Sydney Agudong como Nani e introducir a Mia Kealoha como la pequeña Lilo, la perfecta niña hawaiana peculiar y llena de energía.

El diseño de personajes se mantuvo igual en casi todos los casos, con la excepción de que tanto Jumba y Peakley, ambos extraterrestres bastante llamativos, se transformaron en humanos para pasar desapercibidos en Hawaii. Una explicación que quizás era bastante innecesaria en la caricatura original, ya que parte del chiste era que nadie cuestionaba su obvia apariencia alienígena. Precisamente este punto se presta para explicar por qué esta versión es menos funcional: al presentar este tipo de fisiologías en vida real, la vista es más amenazante y, por ende, menos llamativa para su público infantil (un saludo a la Gran Concejala). Quizás esa es la razón por la que el capitán Gantu, el mastodóntico villano original que captura a Lilo y Stitch, no aparece en esta entrega. Y ese, precisamente, es el mayor error.

El convertir a Jumba, el creador de Stitch, en el villano es una decisión perezosa en cuanto a escritura y economía de la duración, especialmente considerando que esta versión sigue siendo más larga que la del 2002. Quitándole todos sus matices como personaje, lo vuelve un ser plano y carente de complejidad más allá de sus intenciones de destruir. Un “científico loco”, que es precisamente lo que Jumba no es. O no del todo, como bien le dice Nani a Lilo sobre su comportamiento.

Como recordaremos, el desarrollo central de la historia gira en torno al concepto de Ohana, que significa familia. Y la familia nunca te abandona, ni te olvida. En estos días ha habido mucha controversia sobre la que fue la mayor variación de esta versión. La película concluye con Nani, que era una joven promesa de la biología marina, yéndose a Estados Unidos continental para estudiar, y visitando a Lilo, que ahora está en un hogar de crianza, a través de un portal.

Cuando lo leí me pareció una tragedia, y mató mis ganas de verla. Sin embargo, debo admitir que es una de las partes que mejor trabajadas y establecidas están desde el principio, por el simple hecho de que Lilo no pasa a una casa de acogida con desconocidos, sino que vive con su vecina Tūtū, quien era ya parte de su vida y fungía como una especie de abuela para ella y Nani. Es decir, Tūtū y David, el interés romántico de Nani, ya eran parte de su Ohana. Nani lo seguía siendo, aunque en ese período de su vida estaría más lejos de Lilo. No fue una decisión popular, y sigue siendo estúpido enviar a un residente de Hawaii, que tiene una de las mejores universidades de Biología Marina del mundo, a Estados Unidos continental. Pero Ohana puede verse diferente en algunas temporadas, y el mensaje sobre la importancia de mantenerse juntos, aunque sea de otra forma, permanece. Y esa es la realidad para muchas familias que es válido comunicar a su joven audiencia. Lo que quiero decir es que puedo entender de donde viene la decisión, puedo entender que Nani no tenîa las herramientas en ese momento de su vida que Tūtū sí tenía, y que no por eso deja de ser su familia. Aunque al final, la historia se quede corta de matices.

Algo que noto también es la necesidad constante de Disney explicar a la audiencia lo que sucede en cada escena dejando atrás todo subtexto. Por ejemplo, Cobra Bubbles dice que está para defender a las personas de Estados Unidos, a lo que Tūtū responde “¿y qué cree que somos nosotros?” En una nada sutil crítica al trato que reciben los locales de parte de los ciudadanos americanos. En contraste, la versión original utilizaba ejemplos más agudos, como el hobby de Lilo fotografiar a los turistas más estrafalarios.

Sin embargo, creo que considerando todo lo anterior, podemos concluir que Lilo y Stitch se mantiene como una de las mejores adaptaciones live action, lo cual no es muy difícil porque la barra es muy baja. Pero logra entretener, encantar y conmover. Stitch permanece como uno de los personajes más queridos de Disney, y eso, quizás, salva este remake.

Veredicto

Lilo y Stitch es una película disfrutable para pasar un buen rato, que no llega a estar a la altura de su versión original y que seguirá haciendo millones de dólares, porque todo lo que lleve el sello de Disney tiene una audiencia fiel que llegará por falta de más opciones.

6 / 10

Sinners” es sin duda otra de las sorpresas del 2025 junto a “Mickey 17” y “Thunderbolts”.

Resulta interesante cómo los estudios no apostaban un peso por estas películas y resultaron ser buenas en críticas y taquilla, mientras que otras como “The Electric State” resultan ser un verdadero disparate a pesar de toda la publicidad que se invirtió en ella.

Dicho esto, y sin ánimos de seguir martillando en el piso, el último filme de Ryan Coogler es lo suficientemente interesante como para abrir un universo completo. La historia narra cómo dos hermanos gemelos (interpretados por Michael B. Jordan) vuelven a su pueblo después de un tiempo para darse cuenta de que hay vampiros por la zona. No es algo que el tráiler no te diga y la película no se caracteriza por tener giros de guion que dañen la experiencia. De hecho, el mismo tráiler revela algo que, en mi opinión, podían haberse ahorrado para la película, ya que causaría un gran efecto en la misma.
El guion es profundo, es valiente, es arriesgado, y eso se celebra y aplaude con creces. Mezcla el western con el noir, pero también el drama con el musical. Lo mismo sus capas son totalmente interesantes porque habla del racismo, del folclore de América del Sur, la religión y otros temas que, en manos de un director que no está consciente de lo que hace, hubiese salido un despropósito. Coogler le entrega una carta de amor a los viejos maestros, desde la iconografía heredada o deudora de Carpenter o Romero, hasta la más evidente de todas: el «Abierto hasta el amanecer» de Rodríguez. Se notan sus influencias, las abraza y encima dice lo que quiere para hacerla propia. Es buenísimo.

En cuanto a las actuaciones, pues, de entrada, ya se sabe que Coogler y Michael B. Jordan trabajan juntos siempre (desde la primera película del director) y que aquí no sería la excepción. El actor cumple y logra un buen papel, teniendo en cuenta que interpreta a dos personas distintas. Sin embargo, la película tiene dos actuaciones estrella: Miles Caton y Jack O’Connell. El segundo, principalmente, logra uno de los mejores villanos sin duda del año, sin temor a equivocarme. En cuanto a Caton, pues logra un excelente personaje, y la sorpresa está en que esta es su primera película.

Después de ver esta película de vampiros, y viendo cómo funciona Marvel —que si un director logra una buena película le dan otra—, es difícil de entender cuando dicen que no dan pie con bola creando a Blade, porque “Sinners” es sin duda alguna una de las mejores películas de vampiros de los últimos años y, si me preguntan a mí, le diera Blade a Coogler de una buena vez.

Sinners

Ahora bien, en la parte técnica la película cumple con creces, pero me voy a centrar en lo más importante que tiene el filme: la música. No hablo exclusivamente de la partitura de Ludwig Göransson (como siempre, estupenda), sino de las canciones que refuerzan y dan energía y potencia a sus imágenes. Si en «Abierto hasta el amanecer» teníamos como nexo entre las dos mitades a Salma Hayek portando una serpiente, o en «Blade» se nos bautiza en el mundo vampírico con un aspersor de sangre a ritmo de techno, en “Sinners” no es tanto una parte, sino el todo completo: es a través de su música que la narrativa avanza, que los cuerpos, pegajosos y sensuales, se mueven al compás del blues y la música popular. Sería indivisible, como esa guitarra que porta Sammy, de cuyas cuerdas se genera el sonido. Maravilloso.

La fotografía a manos de Autumn Durald es magnífica. Rojo fuego sobre el negro Misisipi, con esto digo todo.

Aunque “Sinners” puede sentirse desequilibrada en momentos, su impacto emocional y su relevancia cultural la convierten en una obra que va a generar ríos de tinta y encendidas discusiones. En resumen, a pesar de sus defectos —que son más bien pocos, o al menos no son fáciles de percibir, que tal vez en un segundo o tercer visionado sí se perciban—, y hasta ahora es de lo mejor que tenemos en este 2025.

Veredicto

Deja de leer esta y más críticas y ve a verla que aun estas a tiempo, porque la experiencia en cines no sera lo mismo que en casa.

8 / 10

Cuando Marvel anunció Thunderbolts* muchos, yo incluido, pensamos que llegaban tarde, ya que al menos el marketing la estaba (y sigue) vendiendo como una especie de The Suicide Squad.
Desconozco si en los cómics son así, pero al menos en el cine se ha optado más por irse por el lado de que sean una especie de escuadrón táctico que por un escuadrón carne de cañón. Este punto es uno de los tantos aciertos que logra este filme dirigido por Jake Schreier y que cuenta con los guionistas Eric Pearson (quien escribió el próximo filme de Marvel: Los Cuatro Fantásticos) y Joanna Calo (quien está detrás de los guiones de la serie The Bear).

¿Por qué mencionar a Calo? Porque entre las subtramas de la película hay un mensaje sobre la salud mental bastante interesante, y muy similar al que se puede apreciar en la serie de FX. Entre lo demás, es simple: un grupo de “soldados especiales” son enviados a “rescatar” a Bob, un tipo común y corriente del que no se sabe por qué estaba encerrado en un lugar tan condenadamente protegido. Aquí todos destacan y tienen un ligero desarrollo, a excepción del personaje de Sebastian Stan, el tan hablado Bucky Barnes, quien naturalmente tiene varias películas y series a sus espaldas y está de más darle más desarrollo del que ya tiene.

Florence Pugh se lleva gran parte del protagonismo con su Yelena Belova, quien hizo aparición en el filme de Black Widow, y agradecemos la selección de la actriz. Le sigue un David Harbour (Red Guardian) demasiado chistoso para mi gusto, y que tal vez, aunque el director sepa manejar el humor, es la nota discordante por el exceso de momentos cómicos que le entrega al actor. Wyatt Russell, Olga Kurylenko y Hannah John-Kamen terminan de formar el grupo (aunque esté Lewis Pullman y no lo haya mencionado, pero… está), y cada quien cumple su rol justo como es debido. No estamos ante actuaciones de premiaciones, sino de que cumplan, y lo hacen, y encima tienen un desarrollo. Tal vez el personaje más desperdiciado es el de Julia Louis-Dreyfus como Valentina Allegra de Fontaine, quien viene haciendo apariciones desde hace tiempo y, lamentablemente, Marvel no termina de darle el protagonismo y desarrollo necesario para tomarla en serio, aun con ese sarcasmo y la ironía que la caracterizan.

La sensación que deja Thunderbolts* es la de un producto que cumple y que hace lo necesario para destacar en la mejor medida de lo que un blockbuster solicita. Algo que últimamente Marvel no ha estado entregando, y es lo que hace que no se le vean las verdaderas virtudes. Porque si, entre tantas cosas malas que nos han dado últimamente, nos entregan una buena, pues asumimos que es algo mediocre.

Thunderbolts*

Y es que el filme tiene las garras de su productor, Kevin Feige, quien pretende adoptar un tono cómico y jovial como el de Guardianes de la Galaxia, y que parece que a mitad de camino se dio cuenta de que no calaba, por lo que opta por un tono más solemne. En el asterisco está el gancho, a mi parecer: es el aviso de que estamos ante una versión degradada, y al final del filme se darán cuenta del porqué de esto. Ya que, sin dar spoilers, cuando podían apostar por mantener lo del equipo táctico pero con las tonalidades del Escuadrón Suicida, van por un camino un poco más heroico.

Y aunque el director cumple con el manual de estilo que toda película postheroica que se precie debe tener —eso sí, sin llegar a los excesos metalingüísticos de Deadpool o a la profundidad que pueden traer filmes como The Batman—, las deficiencias siguen ahí, aunque menos notables. Las escenas de acción mejoran, pero se sienten fuera de tono con los tiempos que corren. La música de Son Lux es fuerte y estruendosa, pero le falta épica, y la fotografía de Andrew Droz Palermo (ese señor que estuvo detrás de The Green Knight) es taciturna pero medida. ¿Por qué? Porque esto es un producto que, aunque está bien hecho, bien envuelto, bien elaborado… es un producto.

Thunderbolts* tiene sus errores, pero son más sus virtudes —o al menos, son más claras—, y eso ya es mucho decir de una casa que desde Avengers: Endgame no hacía algo medianamente aceptable para el cine. Y en televisión, de cada cinco series, solo una o dos eran buenas.
Desconocemos el camino que tendrán estos personajes, pero agradecemos que sean lo suficientemente entretenidos de ver en esta primera vez.

Veredicto

Propone cosas distintas en un ecosistema que llevaba tiempo dando síntomas de agotamiento. Menos parafernalia y más identidad; menos espectáculo digital gratuito y algo más de enjundia temática.

7 / 10

En 2011 tuve la suerte de ver The Raid en un festival, donde se llevó la ovación del público y el nombre de Gareth Evans (no Edwards) empezó a ganar fuerza. Tras más de cinco años alejado de las películas, vuelve con Havoc de la mano de Netflix.

No nos engañemos: el tráiler ya deja claro de qué va esto. Es, básicamente, una excusa para desplegar exageradas escenas de acción donde la violencia y el gore son los protagonistas. La trama sigue a Walker, un policía corrupto que se ve envuelto en una carrera contrarreloj para encontrar al hijo de un político, quien estuvo implicado en el asesinato del hijo de una mafiosa asiática (¿china? ¿japonesa? A veces no queda claro, y la gran cantidad de actores asiáticos tampoco ayuda). Dicho esto, la historia, y de hecho el guion en general, carecen de cualquier profundidad. Los diálogos son extremadamente simples, no hay el menor desarrollo de personajes, y no importa quién muera: no se genera empatía con nadie. Tampoco se entienden las motivaciones de los personajes: Walker es corrupto, pero nunca se explica por qué (no parece usar el dinero para su familia ni para sostener ningún vicio). Lo mismo sucede con el político que busca «limpiar la ciudad» de mafias, pero cuyo método carece de lógica.

Las actuaciones, por otro lado, son planas. Tom Hardy pasa la película gruñendo; Jessie Mei Li no parece tener claro qué hacer con su personaje; Timothy Olyphant intenta ser rudo, pero roza la caricatura; Luis Guzmán es casi un chiste en sí mismo; y Forest Whitaker parece haber grabado sus escenas rápido, cobrado su cheque y salido corriendo. Solo Yeo Yann Yann y Justin Cornwell hacen un esfuerzo por actuar, aunque el escaso tiempo en pantalla no les permite brillar. Y ni hablar de Quelin Sepúlveda, cuya actuación da vergüenza ajena.

Entonces, ¿qué queda en Havoc?

La dirección es terrible. No está el Gareth Evans que deslumbró años atrás. El abuso de la pantalla verde obliga a que casi toda la película transcurra de noche, intentando ocultar los defectos, pero a costa de perder claridad en las escenas. A veces no se entiende quién pelea o contra qué, todo está demasiado oscuro, lleno de efectos exagerados, litros de sangre falsa y un movimiento de cámara constante que da la impresión de que el camarógrafo sufre de Parkinson.

Al final del día, el regreso del director es una decepción. Eso no significa que Havoc no sea entretenida: lo es, pero solo si la ves buscando algo para matar el tiempo. En el fondo es una película mediocre, tan genérica que, si te descuidas, en unos días podrías volver a verla sin recordar absolutamente nada de lo que pasó, y es una lastima porque despues de tener algo como «Extraction 2» que aunque es generica tiene escenas muy bien rodadas y personajes carismaticos, esto se siente como un bajon.

Veredicto

Es entretenida para verla si no tienes nada que hacer…que se que es dificil en estos tiempos asi que si quieres la puedes obviar que no te pierdes de nada.

2 / 10

Bong Joon-ho no es un director que se anda con sutilezas, sobre todo a la hora de hacer críticas al sistema capitalista. No en vano Parasite, su obra más conocida, hizo historia hace cinco años al convertirse en la única película de habla no inglesa en conseguir el Oscar a la Mejor Película. Parasite combina un humor muy negro con comentarios sociales que cualquier persona en la audiencia puede entender, algo especialmente evidente en su filmografía en inglés; estas dos características, junto a sus finales generalmente ambiguos, han consolidado su estilo como cineasta.

Con Mickey 17, Joon-ho toma estos elementos y los eleva a un nivel catastrófico y cuasi disparatado. Sabiendo muy bien que tiene licencia creativa para su primera película post-Oscar, el director nos adentra a la historia de Mickey Barnes, un ingenuo Robert Pattinson (The Batman) haciendo la voz más graciosa de su carrera. Es el año 2054, y la Tierra es una distopía ultracapitalista siendo destruida por el calentamiento global. Huyendo de sus deudas, se apunta junto a su mucho más astuto amigo Timo (Steven Yeun) a una misión de colonización a otro planeta, liderada por el ex congresista Kenneth Marshall, un Mark Ruffalo (Poor Things) haciendo una más que clara referencia a Donald Trump tras perder las elecciones del 2020 (Mickey 17 fue filmada en 2022).

Con el fin de adelantarse lo más rápido posible en el proceso y sin poseer ningún tipo de habilidad especial que lo haría candidato a la misión, Mickey decide convertirse en “expendable”, sin saber muy bien a lo que se está apuntando. De esa manera logra irse, pero el costo es, literalmente, morir. Una y otra vez, siendo “resucitado” a través de máquinas que imprimen su cuerpo y mantienen la información de su cerebro actualizada en un disco duro. Así, Mickey pasa por todo tipo de muertes durante todos los años que dura la misión: desde exponerse a niveles de radiación altísimos mientras repara la nave, hasta morir una, y otra, y otra vez mientras desarrollan vacunas para adaptarse al nuevo planeta. Para los científicos, Mickey es como su homólogo, un ratón, al que pueden matar todas las veces necesarias; y para el resto de la tripulación, está en el nivel social más inferior.

Pero aún rumbo a un nuevo planeta, los impulsos humanos se mantienen. Bajo el liderazgo de Marshall y su esposa Ylfa (Toni Collette), se crea un sistema de austeridad para todos con el fin de ahorrar recursos como la comida, excepto para quienes están en el poder, algo que suena bastante familiar; que abusan del mismo y continúan desarrollándose como personalidades televisivas y religiosas, en (otra obvia) referencia, esta vez, al evangelicalismo de Corea del Sur.

Una mañana, todo el equipo, como de costumbre, deja “morir” a Mickey, que está en su versión #17. Como “expendable”, nadie se preocupa por rescatarlo. Excepto que nuestro protagonista logra sobrevivir gracias a la ayuda inesperada de las criaturas del planeta, y llega a la nave solo para descubrir que ya su nueva versión ha sido impresa: Mickey 18. Por varias razones éticas y legales, ser “múltiples” constituye un problema que puede llevar a la ejecución de ambos. Y, al contrario de su predecesor, Mickey 18 no está dispuesto a aceptar el irrespeto sistemático al que ha sido sometido, y no duda en usar la violencia para lograr sus fines.

A lo largo de dos horas y 19 minutos, se desenvuelve ante nosotros una película “in your face” a niveles quizá nunca antes vistos desde Don’t Look Up, en los que se parodia de manera clara el culto alrededor del actual presidente de Estados Unidos, el capitalismo y la ambición humana, el abuso del poder, el narcotráfico y la religión como instrumento de manipulación de masas. Algunos de estos comentarios son más eficaces que otros, otros, al igual que el desarrollo de ciertos personajes, no terminan de cerrar del todo. Pero para el espectador promedio que no espera profundidad sino entretenimiento, es más que suficiente. Y como producto de entretenimiento, estamos ante una historia MUY divertida que combina criaturas extraterrestres con un humor negro y absurdo.

La interpretación de Robert Pattinson es definitivamente uno de los elementos más destacables. Con la integración de Mickey 18, éste nos entrega dos actuaciones diametralmente opuestas, que se complementan y ofrecen momentos muy memorables. Mark Ruffalo y Toni Collette no tienen mucho que hacer con un guion que les pide la versión más caricaturizada posible de sus inspiraciones, y Naomi Ackie (Blink Twice) cumple al dar un personaje redondo, noble y con complejidad. En general, el ensamblaje de los personajes es correcto, y en los momentos “clímax”, aunque pueden percibirse intencionalmente desastrosos, la dirección correcta y el nivel inteligente de absurdismo hacen que, como un conjunto, funcionen.

El guion tiende a abarcar mucho, intentando comentar en la mayor cantidad de temas posibles, lo cual se traduce en partes de la historia que quedan a mitad, otros con cierres apresurados, o sin ellos en absoluto; una elección deliberada que no será precisamente del agrado de todos. La puesta en escena y el worldbuilding alrededor del planeta Niflheim es adecuado para el género, contando con efectos visuales convincentes y sin abusar de los mismos.

Al final del día, estamos ante una película que, aparte de sus repetidos comentarios, no se toma para nada en serio, te hará reír y te mantendrá con los ojos pegados a la pantalla. No se necesita mucho más: al final del día, vas a disfrutar de Mickey 17 un montón, y de eso se trata el cine.

Veredicto

Mickey 17 logra entregar un comentario social envuelto en mucho humor negro, y conjugar esto con el género de Ciencia Ficción no es tarea fácil. Con elementos más fuertes que otros, el factor entretenimiento, definitivamente, es el mayor.

8 / 10

«SnowWhite« ha sido una espiral de situaciones desafortunadas que, por razones obvias, generan mala publicidad.

De entrada, es bueno saber que esta adaptación busca ser totalmente diferente al clásico de 1937, Snow White and the Seven Dwarfs, al punto de que hasta su nombre se limitó a Snow White. Y es que el filme dirigido por Marc Webb, desde fuera, es un desastre en todo el sentido de la palabra, lo cual terminará afectándole en taquilla (tal vez).

Si estás aquí para saber si es mala, pues te digo de entrada que no como se esperaba que fuera. O sea, no es buena, pero tampoco vas a estar viendo la versión de Pinocchio que sacó Disney en 2022 y que NADIE vio. Y quienes la vieron (como yo) sintieron dolores estomacales. Ojo, no confundir con la versión de Netflix con el mismo nombre, que salió el mismo año y que, por esa razón, le pusieron Guillermo del Toro’s Pinocchio para evitar confusiones.

«SnowWhite» la dirige, como dije, Marc Webb en piloto automático. Aquí no hay nada del director que acostumbra a tener un tono romántico en sus películas.

En cuanto al guion, pues tampoco es algo para tirar cohetes. Erin Cressida Wilson hace cambios significativos en la historia, pero que pasarán desapercibidos por ser o muy simples o muy cliché. La fotografía de Mandy Walker también pasa un poco desapercibida, con una exageración de CGI que daña la experiencia, mientras que la música de Benj Pasek y Justin Paul no molesta ni tampoco brilla. Tal vez haya uno que otro momento musical de los actores que sí sea interesante para el público en general, pero, luego de eso, nada más.

Ahora bien, a lo que vinieron: las actuaciones.

SnowWhite

No les voy a mentir, Gal Gadot no me parece tan terrible actriz como algunos quieren decir; sin embargo, casi me convencen en las casi dos horas de película, porque su actuación es igual que la de un palo. Es increíble cómo hay momentos en que se le hace difícil a cualquiera creer que es una villana que está molesta con la belleza de esta Blancanieves, porque Gadot se la pasa como si no le importara nada. Se nota que detrás de cámaras hubo mucha tensión, porque hay escenas en las que es bastante obvio que se editaron a favor de las actrices.

En cuanto a Rachel Zegler, pues no lo hace mal, pero a su personaje le sucede lo mismo que en The Hunger Games: The Ballad of Songbirds and Snakes (terrible nombre), donde se le carga de extrema soberbia y, a pesar de ser el personaje principal, no termina de empatizar con nadie. Tienes al personaje siendo buscado por la bruja malvada para asesinarla y, si en esta versión lo lograse, tampoco molestaría al espectador. Y no me queda claro si esto es culpa de Zegler, del director, de los productores, de la guionista o de quién.

Después, los demás actores son tan secundarios a nivel de desarrollo que, si no se contara con actores conocidos como Andrew Burnap, no me importaría en lo absoluto.

Lo que sí es una verdadera aberración son los enanos hechos en CGI. La escena de la cueva, donde están cantando y bailando, parece realizada con una IA a máxima potencia. Es terrible. Verlos es surrealista y, encima de todo, es penoso que se haya optado por un método como ese, que dista mucho de hacer que el público conecte.

Al final del día, SnowWhite es un filme muy básico de Disney y, para ser la adaptación de la primera película animada del imperio Walt Disney, es una barbaridad que se hayan tardado tanto y, encima, que haya sucedido lo que sucedió.

¿Verla en cines? Puedes esperar sin problema alguno hasta que se estrene en Disney+.

Veredicto

Lo único rescatable son algunos momentos.  Es entretenida, pero eso no justifica la salida a un cine al menos que tengas niños pequeños que si puedan disfrutarla.

3 / 10

Paddington y Paddington 2 son dos de las películas más queridas por la comunidad cinéfila. Originalmente un personaje de libros infantiles, el oso favorito de muchos ha crecido hasta convertirse en una franquicia que abarca cortometrajes, series animadas, películas y hasta una obra musical. No es de extrañar, entonces, que Paddington en Perú, la tercera entrega de la serie que comenzó en 2014, haya sido uno de los estrenos más esperados dentro de ese nicho.

El director Dougal Wilson debuta hace su debut en la saga, cuyas dos entregas anteriores estuvieron a cargo de Paul King (Wonka). Además, se nota la ausencia de Sally Hawkins, quien interpretaba a la señora Brown, siendo esta reemplazada por Emily Mortimer. Las familias cambian, y en las películas también. Los Brown se encuentran en una etapa distinta a aquella en la que estaban cuando encontraron a Paddington en la estación de trenes: el señor Brown está dispuesto a enfrentar los riesgos en lugar de prevenirlos, Judy, la hija mayor, va a entrar a la universidad, y Jonathan está más interesado en utilizar sus habilidades de invención para hacer lo menos posible. La señora Brown se siente nostálgica del pasado. La tía y Paddington siguen igual. Etapas.

En esta ocasión, la familia se embarca en una aventura distinta a Londres. Esta vez, se trasladan al otro lado del charco, a Perú, el país natal de Paddington. Pero, una vez allí, la directora de la casa de retiro de la Tía Lucy, interpretada por la magnífica Olivia Colman (The Crown), les anuncia que ésta ha desaparecido. Así que Paddington y su familia se embarcan en una aventura que los llevará por el corazón del Amazonas, en compañía de Hunter Cabot, interpretado por el legendario Antonio Banderas, y su hija Gina (Carla Tous), motivados por la posibilidad de encontrar El Dorado.

Paddington, convertido ya en un británico hecho y derecho, tiene que reencontrarse con su «oso interior» para que su instinto pueda guiarle hacia la tía Lucy, en una aventura que se siente distinta a las anteriores, no solo por su escenario, sino también por su enfoque. En esta ocasión, no se trata del oso de costumbres refinadas intentando encajar en Londres, sino de este, ya aclimatado, regresando con su familia a su antigua realidad.

Este cambio de director, el nuevo casting para la madre y el cambio de escenario ha dejado a algunos fans un tanto insatisfechos. Cuando las reseñas comenzaron a aparecer, se notó una tendencia: aunque la película debutó con un 93% en Rotten Tomatoes, es la de menor calificación de toda la saga. A pesar de ser amada, faltaban algunos ingredientes que hicieron que la receta cambiara, y la adición de ciertos personajes, así como el cambio de perspectiva y motivación de algunos, restó protagonismo a la familia Brown.

A pesar de todo, considero que la actuación de Olivia Colman  como Madre Superiora fue hilarante y entretenida, y Antonio Banderas, aunque tuvo quizás un poco de tiempo demás en pantalla, cumple con su cometido. Es difícil quedar mal ante un personaje tan entrañable como Paddington.

Como fan de la franquicia, solo puedo esperar que a nuestro oso le falten muchas aventuras más, y que podamos seguir disfrutando de la ternura, lecciones y modales de Paddington, con su familia, en cualquier rincón del mundo.

8 / 10

Marvel ha conseguido casi la gran mayoría de sus licencias y, al ver el increíble público que tenía la serie Daredevil, no dudó en explotarla de igual manera con Daredevil: Born Again.

Todo en la serie es una declaración de intenciones. Es Marvel diciéndonos (y diciéndole a Netflix) “yo lo haré, pero mejor que tú”, pero claramente no ha sido así. Ojo, que la serie no es mala y, de hecho, en los siete capítulos a los que tuvimos acceso, la historia y todo lo que la rodea es bastante entretenido e incluso arriesgado por parte de Marvel tomar un rumbo un tanto oscuro.

Sin desvelar mucho de la trama, la cual Marvel se ha encargado de ocultar lo más que ha podido, Daredevil: Born Again sigue, una vez más, a Matt Murdock, un abogado que también es superhéroe por las noches. Se verá cazado cuando su identidad secreta empiece a salir a flote.

Primero, lo bueno: es de agradecer que Disney no haya querido hacer un reinicio, sino que absorbió todo el buen trabajo que ha hecho Netflix, y básicamente tenemos una especie de “cuarta temporada” que también funciona como un reinicio, algo que le sienta bien y fresco. Primero, porque ya nos es familiar este mundo; pero, segundo, porque vemos cómo hay cosas nuevas y mejores.

Por alguna razón, Netflix le temía a la máscara y traje del llamado “Hombre sin Miedo” y nos dio un traje-armadura un tanto extraño pero al cual ya estábamos acostumbrados, por lo que ver cualquier detalle nuevo y/o diferente es de agradecer.

Daredevil: Born Again

Segundo, está el hecho de la historia y los actores, además de los personajes. Con la historia sucede que está bien estructurada, convence e incluso es creíble. Entramos fácilmente en este mundo, y con los personajes sucede igual. Vemos algunos nuevos, otros de otras series (hay un guiño genial para Ms. Marvel) y nuevas interacciones que cumplen lo suficiente.

Además, los desarrollos funcionan (¡por fin, Marvel!), y vemos cómo un acto del inicio (aquí sí no estoy de acuerdo y culpo a los guionistas) hace que todo el tablero se mueva y nos invite a ver varias facetas de los personajes, e incluso del mismo protagonista. Hay evolución, algo que a Netflix parece no importarle ya. Solo recuerdo cómo en la segunda temporada Matt Murdock era el mismo personaje por casi cuatro capítulos seguidos a pesar de varios sucesos que le estaban ocurriendo.

Ahora, ¿qué es lo malo?

El exceso de pantalla verde es algo que le juega en contra constantemente. Es horrible ver cómo deben acudir a un efecto tan miserable como una luz parpadeante de un edificio para poder tapar los malos efectos especiales. Simplemente penoso.

Pero lo que es aún más penoso es ver cómo una serie que tenía unas excelentes escenas de acción bastante modernas, ahora acude a realizar hasta cinco cortes de cámara para una pelea en una habitación con solo dos personajes. No hay una forma adecuada de aceptarlo.

Esto es una serie de acción de un personaje de cómics, así que simplemente graben buena acción.

La fotografía también falla, y es culpa de la exagerada pantalla verde, que hace que no se aprecie lo suficiente, algo descabellado cuando vemos que los directores de fotografía son Hillary Spera y Pedro Gómez Millán.

La música está a cargo de The Newton Brothers, quienes remasterizaron el clásico intro de X-Men ’97 y que aquí, básicamente, hacen la misma función. No destacan, ya que toman gran parte de las canciones y les dan un toque distintivo, pero mantienen la misma esencia.

Al final, Daredevil: Born Again es una buena serie que cumple su propósito y que, de hecho, está mejor que muchas otras de la casa Marvel, como She-Hulk o Echo.

Veredicto

Las cosas negativas que tiene no dañan la experiencia de volver a ver una buena serie de superheroes.

7 / 10