“Project Hail Mary” es sin duda otro de los grandes logros de los directores Phil Lord y Christopher Miller, quienes en el 2023 trajeron la increíble “Spider-Man: Across the Spider-Verse”, casi convirtiendo la saga en una de las mejores, con una animación impecable.
Sin embargo, es en el 2012 que inician en el cine con “21 Jump Street” y tuvieron que pasar más de 10 años para que vuelvan al cine live action, con un guion del excelente y siempre correcto Drew Goddard, basado en una novela de Andy Weir, autor de “The Martian”, de la cual Ridley Scott en su momento le sacó bastante provecho y que, dicho sea de paso, Drew Goddard hizo también el guion en su momento (que, por lo visto, es fan del autor).

Protagonizada por Ryan Gosling como Ryland Grace, un profesor de secundaria que despierta solo en una nave espacial sin recuerdos, formando parte de una misión espacial para salvar la vida en la Tierra, la película combina ciencia dura, humor inteligente y una emotiva historia de supervivencia. Lord y Miller regresan al live action con una dirección ambiciosa que equilibra espectáculo visual y momentos íntimos, logrando que una trama de salvar el mundo se sienta cercana y muy humana. Algo que MUY POCOS DIRECTORES pueden darse el lujo.
Lo más llamativo de “Project Hail Mary” es la actuación de Gosling, quien entrega su mejor performance hasta la fecha en su carrera: carismático, vulnerable y muy gracioso, convierte a un «tipo normal» en héroe creíble. Sandra Hüller se destaca en un rol diferente a los papeles dramáticos que suele componer. Pero la verdadera estrella y sorpresa es Rocky, el alienígena compañero, todo un logro técnico y emocional que genera un vínculo inolvidable, lleno de comedia y ternura. Esta dinámica de buddy-movie en el espacio recuerda el estilo juguetón de los directores, pero en una escala épica y con corazón profundo, haciendo que la química entre humano y extraterrestre sea lo más entrañable posible, superando incluso a muchos personajes de Disney que buscan ser entrañables y no lo consiguen (o lo consiguen a medias).

Visualmente, la película es imponente: la cinematografía de Greig Fraser ofrece secuencias espectaculares del espacio, con un toque cálido que evoca otros títulos similares y épicos, pero con mayor optimismo y ligereza. La ciencia es accesible y divertida, celebrando la curiosidad y la colaboración sin caer en lo pedante. El tono esperanzador y nada cínico refresca el género, convirtiéndola en todo un placer que emociona, hace reír, llorar y deja con ganas de más.
La música esta a cargo de Daniel Pemberton, un viejo conocido de los directores, y que incluso fue la banda sonora para “The Materialist”. No es que la música dañe la experiencia, pero si le hace falta más épica, algo que un Lorne Balfe hubiese conseguido sin mucho esfuerzo y que le hubiese sumado muchísimo al filme.
Si alguien me hubiera dicho que la película más emocionante del 2026 iba a ser, en esencia, un profesor de secundaria haciendo «regla de tres» en el espacio, no lo habría creído. Pero aquí estamos. “Project Hail Mary” no es solo otra odisea espacial; es la prueba de que se puede salvar la humanidad sin necesidad de discursos épicos ni explosiones gratuitas cada cinco minutos. Es la prueba de que el buen cine no necesita un discurso ideológico.
Es la increíble prueba de que, como en la salvación de la humanidad, el buen cine se puede lograr con optimismo y amor por los demás. Desde ahora, la película de “Project Hail Mary” se convierte no solo en una de las mejores del año, sino en una de las mejores de la década.



