Cumbres Borrascosas es quizás, junto a Jane Eyre y Orgullo y Prejuicio, una de las novelas clásicas de mayor culto en la actualidad, especialmente en el público femenino. Es también la única de las tres que no ha tenido una adaptación que deje a la mayoría contenta.
Y es que, pese a considerarse del género, hay muy poco romance en la historia que Emily Brontë escribió a los 27 años. El último intento de adaptación con el nombre Wuthering Heights se estrenó hace poco, dirigido por Emerald Fennell (Promising Young Woman) y protagonizado por Margot Robbie (Barbie) y Jacob Elordi (Euphoria).
Fennell desde el inicio dejó muy claro que esta no sería una adaptación fiel al libro. Al contrario, durante el proceso de filmación, posproducción y prensa, fue muy vocal sobre su deseo de realizar una película sobre lo que ella “sintió” la primera vez que lo leyó, siendo adolescente.

Como alguien que también leyó Cumbres Borrascosas a esa edad, puedo decir que la señora Fennell y yo tuvimos experiencias muy distintas. Mientras yo solo recordaba una obra que, lejos de ser romántica, retrataba una obsesión enfermiza que se tradujo en la miseria de dos hogares por dos generaciones, la directora evoca (sin necesariamente traducirlo efectivamente en pantalla) una historia romántica, sexual y colmada de una locura febril.
Y no hay nada malo con hacer fanfiction. No es la primera ni la última vez que se hará algo así en el cine; ejemplos sobran: Joker, Constantine o incluso Blade Runner son adaptaciones libres de su obra madre. Wuthering Heights no peca de no ser fiel al material original, porque nunca lo intentó. El problema es lo que se hace con esa adaptación libre.
Catherine es la hija única del señor Earnshaw, un terrateniente ludópata, violento y alcohólico que un día aparece en casa con un chico al que ella misma bautiza como Heathcliff, en honor a su difunto hermano (quien no existe en esta versión).
Mientras, en medio de los constantes maltratos del padre de Catherine —siendo Heathcliff el mayor receptor— es obvia la atracción que ambos sienten, esta se ve interrumpida por la llegada del magnate de telas Edgar Linton (Shazad Latif).

Linton y su pupila Isabella (Alison Oliver), quienes en esta versión no son hermanos, llegan a la vecina Granja de los Tordos, donde Cathy pasa una temporada y sale con una propuesta de matrimonio. La desaparición de Heathcliff tras escucharla decir que casarse con él la rebajaría, por su falta de fortuna, la lleva a aceptar a Edgar.
Pero años después, cual galán de telenovela (O Dwight de The Office disfrazado de millonario), nuestro protagonista regresa rico, elegante y guapo, a ejecutar su venganza y recuperar el amor de Catherine.
Por supuesto, en el libro, el amor (obsesión, realmente) de ambos nunca llega a materializarse. En cambio, viven vidas separadas, con Heathcliff teniendo un hijo con Isabella y Catherine falleciendo tras dar a luz a su hija. Ambos vástagos se casan entre sí y, por dicha unión, Heathcliff se adueña de Cumbres Borrascosas.
Pero no se preocupen: nada de esto ocurre en esta adaptación, con la directora, en cambio, dándole a Cathy y Heathcliff todas las oportunidades de unión carnal que Emily Brontë no les quiso conceder.

Somos introducidos a una visión de la sexualidad con chistes adolescentes y tomas tan largas y descaradas —manos jugando con yema de huevos, pan siendo amasado, la espalda de Jacob Elordi llena de cicatrices de látigo— que, lejos de evocar sensualidad, tanto la audiencia en el cine como yo estábamos muertos de la risa. El esfuerzo de una persona joven por querer evocar momentos sexys que resultan bochornosos me hace cuestionar si es un caso de millennial cringe o, simplemente, una parodia mal mercadeada.
Más allá de sus licencias creativas en la escritura, hay un problema de dirección inconsistente. La primera mitad de la película es plana y torpe, pero la segunda posee tomas con una dirección creativa más madura, vibrante y estética aunque, obviamente sin ningún tipo de rigor histórico. Y aunque esto podría considerarse una decisión creativa para reflejar la vida de Cathy antes y después de su matrimonio, el resultado es errático.
En cuanto a las actuaciones de los protagonistas, no hay mucho que decir, pues no hay mucho que hacer con el material que tanto Robbie como Elordi tenían. Ambos han entregado actuaciones conmovedoras en otros proyectos (pienso en Margot Robbie en I, Tonya y en Jacob Elordi como la enternecedora Criatura de Frankenstein), pero la situación en la que están es tan absurda que distrae de toda seriedad que pudo haber tenido este proyecto.
Se puede decir que ambos cumplen, con Robbie dando una Catherine caprichosa y malcriada, y un Heathcliff taciturno que carece de la crueldad que lo caracterizaba, reemplazándola únicamente por un sadismo sexual barato dirigido exclusivamente a su esposa. Una especie de Christian Grey de Televisa.

El personaje de Isabella es extraño. Su inocencia y su relación con Edgar son llevadas a un plano caricaturesco (sin dar risa), y su obsesión por Catherine, junto a su relación sadomasoquista con Heathcliff… me hacen sospechar que el personaje es un self insert de la directora.
El caso de Nelly, quien originalmente era la nana de Cathy y la narradora de toda la novela, se transformó en una dama de compañía bastarda de un lord, cuyas acciones son movidas por la envidia y el qué dirán. La interpretación de Hong Chau (The Menu, The Whale) es un ancla en medio del circo que ocurre a su alrededor.
Finalmente, me parece que Shazad Latif es el personaje más normal dentro del elenco, quizá porque el suyo era el que poseía menos características que pudieran ser exageradas.
Sin embargo, una vez retirados los aspectos románticos y sexuales, hay un tema que, sin importar la masacre artística, no deja de sobresalir: la obsesión de sus protagonistas, no romántica, sino como figuras de deseo dispuestas a hacer cualquier cosa por ser poseídos el uno por el otro.
Lo triste es que esta sea vista en 2025 desde la perspectiva de alguien aparentemente obsesionado con construir tensión sexual sin poder lograr una sola toma sexy. Pero igual, resulta fascinante cómo pese a todo, este tema continúa brillando.

Al final del día, Wuthering Heights es una adaptación muy libre, creada con el propósito de hacer la mayor cantidad de escenas con Heathcliff y Cathy sosteniendo relaciones de las formas más bochornosas posibles. Y, de alguna forma, la directora consiguió el dinero y a dos estrellas de cine para hacerlo. Hay una lección en algún lado. Solo no sé cuál.



