Estoy completamente convencida de que hay proyectos cinematográficos que se producen simplemente para que el director se autocomplazca plasmando en pantalla sus fantasías particulares. Honey Don’t parece ser ese tipo de filme, en el que Ethan Coen, quien junto a su hermano Joel ha escrito, producido y dirigido algunas de las mejores películas de los últimos 30 años (incluyendo No Country for Old Men), demuestra la falta que le hace trabajar con él.

En Honey Don’t, está el intento de contar la historia de Honey O’Donahue, una detective lesbiana, algo que el guion nos recuerda cada quince minutos. Honey se ve envuelta en una serie de desapariciones y asesinatos en una pequeña ciudad en California, que parecen llevar a una secta liderada por el mismísimo Chris Evans (Materialists, The Gray Man). En el camino conocerá a una atractiva policía, MG, interpretada por Aubrey Plaza, con quien empieza una relación sexual que el director enfatiza con escenas largas y gráficas.

Las mismas se ven interrumpidas por momentos de violencia tarantinescos que conforman lo mejor de la película: asesinatos gráficos y ridículos coreografiados para ocasionalmente arrancar carcajadas a la audiencia.

Uno de los temas predominantes de los Coen es Americana, la exploración de la cultura, costumbres y particularidades de la vida en Estados Unidos más allá de la glamurización de Hollywood, y este aspecto lo vemos en los una fotografía más que decente, con cuya colorización recuerda a No Country for Old Men. Honey parece vivir en un momento atemporal, en el que la tecnología no parece ocupar la prevalencia que tiene hoy día, pese a ambientarse en 2021. Esto lo vemos en su renuencia a usar computadoras, su vehículo y su vestimenta. Sin embargo, ninguna de estas cualidades la salva de ser una historia a la que le falta al menos media hora de desarrollo, que parece haber sido terminada de forma rápida y que no cierra por completo las muchas subtramas que pretendía abrir.

Margaret Qualley viene de dar la mejor interpretación de su carrera con The Substance, que le ganó una nominación a los Golden Globes, a intentar salvar un guion insípido que poco hace por demostrar sus habilidades detectivescas. De hecho, casi nada de lo que la película nos muestra parece señalar si Honey es buena detective o no. En el caso de Chris Evans, sus dotes de actuación ya de por sí cuestionables le hacen la guerra a un personaje que en ocasiones funciona y en otras no. El personaje de Aubrey Plaza, MG, parece ser una versión unidimensional de su Rosa Díaz en Brooklyn 99. La actuación más salvable es la de Charlie Day, quien hace de su mismo personaje en It’s Always Sunny in Philadelphia y en consiguiente, ofrece los mejores deliveries de líneas.

El principal problema de Honey Don’t es que su historia no tiene sentido. No sentido de lógica, sino de dirección. Se siente como una serie de situaciones aleatorias que aparentemente tienen un punto en común, pero al final del día queda dispersa, apresurada y sin desarrollo. Los personajes aparecen y desaparecen como si los actores estuvieran cumpliendo horas para el Sindicato de Actores. Lo poco que sabemos, aprendemos y se nos repite de Honey tampoco lleva a ningún lado, al igual que los personajes que forman parte de su vida.

Y lo peor de todo es que Honey Don’t tenía muchísimo potencial para explorar el lado de las sectas estadounidenses, que tan son tan comunes en las áreas rurales. Pero no es aprovechado. Absurdismo muy serio, seriedad ridícula. No decide que ser porque no llega a ningún lado.

Los aspectos salvables de este proyecto son los técnicos, especialmente a nivel visual. Sigue habiendo una dirección de fotografía impecable. Vestuarios y decoraciones que aunque parte de nuestra década parecen contarnos una historia de otro tiempo más sencillo. Los momentos graciosos. Todo está colocado para contar una historia a lo Coen. Faltó la historia.

Veredicto

Honey Don’t es el ejemplo perfecto de cómo puedes tener un elenco con estrellas del momento bajo la dirección de un ganador del Oscar, y aún así fracasar rotundamente por un guion que se queda a medio cocinar.

4 / 10

  • Weapons

    Last night at 2:17 am every child from Mrs. Gandy's class woke up, got out of bed, went downstairs, opened the front door, walked into the dark ...and they never came back.

Cuando Zach Cregger lanzó Barbarian, que a este servidor le resultó interesante hasta la mitad, nunca pensé que con Weapons alcanzaría lo que en aquella vez no se consiguió.

Se trata de una película redonda, donde dirección y guion, a cargo de Cregger, funcionan con absoluta precisión desde el inicio hasta el desenlace. De hecho, cuando la narración comienza a mostrar señales de desgaste, el director corta de forma inteligente para entregar un cierre contundente. Y aunque el filme tenga ciertos altibajos (alguna escena cuestionable con el policía o dudas en torno a la aparición de Gladys), la estructura episódica contribuye a que todo encaje, al presentarse como un POV que permite justificar lo que pudiera quedar en el aire.

Weapons

La historia expone cómo 17 niños de un colegio, una noche mientras todos dormían, se levantan y salen de sus casas corriendo, sin volver a aparecer jamás. El pueblo está desesperado, los padres angustiados y nadie logra descifrar la causa de lo ocurrido. En paralelo, se presentan los puntos de vista de Justine, la profesora del centro; Archer, padre de uno de los desaparecidos; Marcus, el director; James, un drogadicto de la calle; Paul, un policía, y Alex, el único niño que no ha desaparecido.

Cregger fragmenta la narración en un rompecabezas cuyas piezas terminan por conectar en una tesis poderosa: cómo el dolor y la desesperación pueden convertirse en armas nucleares cuando el trauma es colectivo, desembocando en la implosión de toda una sociedad. Hay ecos de cine de autor camuflados en un thriller popular, con la ambición de un drama coral que recuerda a los primeros trabajos de Paul Thomas Anderson. Todo esto bajo la superficie de un terror psicológico sombrío que alterna lo perturbador con destellos de comedia negra que amplifican el desconcierto. Y, al mismo tiempo, funciona como alegoría del uso de armas en Estados Unidos, particularmente en los colegios, y del impacto devastador que generan en su entorno.

En Weapons se apuesta por una fotografía sobria, contrastes limpios y encuadres que parecen regular el oxígeno en cada plano. El montaje es paciente, casi cruel en la manera en que administra la tensión. La banda sonora, discreta pero de pulso inquietante, no busca protagonismo, aunque sí advierte al espectador que algo explotará sin que pueda anticipar cuándo. Josh Brolin ofrece una interpretación intensa y medida, mientras Julia Garner aporta una contenida tensión muy efectiva. El resto del elenco cumple con firmeza e incluso algún secundario logra brillar, como Amy Madigan en su papel de Gladys, un personaje inquietante que, con escasos minutos en pantalla, carga con gran parte del peso de la obra.

Cregger evita recurrir a trucos fáciles: prefiere construir, pieza a pieza, un laberinto narrativo que combina tensión pura, impacto y un humor tan negro como inesperado. Algunas decisiones pueden debatirse, pero la convicción con la que sostiene su visión logra que incluso los excesos resulten coherentes dentro del juego.

Quizá haya un sector de espectadores que no asuma la resolución de la trama; en ocasiones es necesario dejarse arrastrar por la propuesta. No existe una explicación lógica al enigma, y es ahí donde la fantasía se abre paso. Weapons es un viaje: dos horas hipnóticas en las que resulta imposible apartar la mirada de la pantalla, con una historia desbordante de giros e hilos narrativos entrelazados. Ese es otro de sus méritos, al tratarse de una obra coral donde cada personaje clave tiene su propio segmento, que se cruza con los demás y ayuda a encajar las piezas con sorprendente fluidez.

Veredicto

Un film de terror emocional con algo de humor negro muy inmersivo, una película que pasara claramente a film de culto, ya que posiblemente sea una de las mejores de estos últimos años.

8 / 10

Las películas de Walt Disney Studios de los 2000s son un género en sí mismas. Solo hay que pensar en sus mayores éxitos: High School Musical sentó un precedente que al sol de hoy continúa siendo influyente. Camp Rock y las Cheetah Girls, fueron repetidas una y otra vez en El Maravilloso Mundo de Disney, y grabadas de esta manera en la mente de toda una generación. Otra de las películas más recordadas de esos años dorados es, dependiendo de dónde hayas crecido, Un Viernes de Locos, o Freaky Friday.

La Dra. Tess Coleman (interpretada por la ganadora del Oscar por Everything Everywhere All at Once, Jamie Lee Curtis), terapeuta y viuda, se prepara para casarse de nuevo, pero tiene problemas con su hija Anna (Lindsay Lohan), una talentosa guitarrista y rebelde adolescente. Por medio de magia china, en el fin de semana de la boda intercambian cuerpos y tienen que vivir la vida de la otra, descubriendo así sus luchas, problemas y retos, llevándolas a comprenderse mejor.

Hollywood, manteniendo su tendencia hacia revivir su gloria pasada con remakes y secuelas, echó mano de esta amada película para ofrecer a la audiencia una segunda parte dos décadas después, con una Lindsay Lohan renovada tras años de escándalos y una laureada Jamie Lee Curtis. ¿Y el resultado? Sorprendentemente bueno.

Anna Coleman, veinte años después, es madre soltera (por elección) de una adolescente llamada Harper (Julia Butters de The Gray Man). Tiene una magnífica relación con Tess y hace malabares como productora musical de una cantante pop llamada Ella y su rol como mamá. Un día, un experimento fallido de Harper hace que Anna conozca a al padre de su compañera Lily, el chef Eric Reyes, interpretado por Manny Jacinto (Top Gun: Maverick). Ambos se enamoran instantáneamente y tras un montaje de unos pocos meses deciden casarse. Pero hay un pequeño problema: Lily y Harper no se soportan.

Y hay otro problema: Se supone que Eric y Lily venían a Los Ángeles solo por un año, tras el cual regresarían a Londres. Anna y Eric no han decidido si quedarse en Los Ángeles, o irse; y Lily está renuente a dejar Londres y los recuerdos de su madre fallecida.

La noche de la despedida de soltera de Anna, Harper y Lily conocen a una polifacética médium (que también es barista, gestora financiera e instructora de reiki, un reflejo de la “gig economy”), quien les da un misterioso mensaje. A la mañana siguiente, como podremos imaginar, hubo un cambio de cuerpos, pero esta vez, al doble: Tess ahora es Lily, Lily es Tess, Harper es Anna y Anna es Harper. Doble cambio, doble diversión.

Las niñas haciendo de Harper y Lily no lo hacen mal, pero ver a las veteranas Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan interpretar a dos adolescentes es divertidísimo. En el caso de Curtis, llega a niveles estrambóticos, teniendo en cuenta que es quien lleva el cambio más fuerte. Lohan hace de adolescente como en los papeles que le hicieron una estrella en los 2000: divertida, despreocupada, y esencialmente cool.

Freakier Friday apela efectivamente a la nostalgia manteniendo a casi todo el elenco original, trayéndolos de vuelta aunque fuera en pequeñas escenas. Los trae de una manera fresca, adaptada a la década, pero priorizando el entretenimiento y sin detenerse a perder su ritmo efectivo. En ocasiones disparatada, es precisamente el estilo de humor desenfadado que caracterizó la época de la original.

Al mismo tiempo, ofrece un mensaje muy empático sobre el valor de la familia, el amor y enfrentar el duelo. El rol de Tess como terapeuta permitió llevar a una conversación madura al respecto sin que se sintiera forzado, y el resultado es un momento genuinamente emotivo que balancea muy bien el resto de la historia y nos permite empatizar con cada uno de los personajes y comprenderlos mejor.

Esta película llega en un momento en el que el contenido “tween”, dirigido a preadolescentes, ha empezado a escasear. Las producciones se han enfocado en crear contenido para adolescentes, que cada vez presentan situaciones más maduras y sexualizadas. La falta de opciones de entretenimiento para toda la familia es cada vez mayor, y de ahí que la propuesta de Freakier Friday se sienta diferente.

Te sientes cómodo llevando a tu mamá y a tus sobrinas, o a tu abuela. Es un buen rato, sin momentos incómodos, y risas garantizadas. Junto con Superman, Fantastic Four: First Steps y The Naked Gun, parece que en 2025, la industria ha encontrado el balance para continuar historias con una mirada nueva.

Veredicto

Freakier Friday es una secuela bien redonda, una comedia divertida y sumamente entretenida que se atiene a la nostalgia pero con la frescura de nuestra actual década. Freakier Friday es Disney Channel y, en vez de avergonzarse de ello, lo abraza por completo.

7 / 10

Tenía tiempo que no veía una sala de cine riendo a carcajadas, y qué alegría fue eso, porque “The Naked Gun” es sin duda una divertida película que merece ser vista en cines.

La resurrección de “The Naked Gun” intenta caminar por una cuerda floja complicada: ser fiel al espíritu desenfadado y absurdo de la saga original, pero al mismo tiempo actualizarlo para un público de 2025. Hay instantes en los que lo consigue, sobre todo cuando se entrega sin pudor al slapstick, al chiste visual imposible y a esa acumulación de disparates que no da respiro. La precisión en algunos gags demuestra que todavía hay espacio para la comedia física en una era saturada de ironía y referencias meta.

The Naked Gun

Sin embargo, la irregularidad se nota. No todas las bromas están tan bien medidas y, en su intento por adaptarse a sensibilidades actuales, algunas situaciones parecen filtradas por un exceso de autoconsciencia que les resta frescura. El reparto cumple con solvencia, con un protagonista que no imita a Leslie Nielsen pero tampoco renuncia a su herencia, y secundarios que aportan buenos momentos de complicidad. Pamela Anderson desborda carisma y humor en todas sus escenas. Paul Walter Hauser ha demostrado su nivel actoral en muchas ocasiones, pero aquí con la comedia resulta increíble. Kevin Durand, Danny Huston y otros se la pasan divirtiéndose en el set, y se les nota.

El guion no se conforma con reciclar fórmulas: las depura. Construye una trama con tintes de cine noir —el territorio natural de las historias policiacas— y la adereza con una parodia que sabe mirar tanto al cine clásico como al moderno. El resultado es un híbrido ágil que equilibra la autoconsciencia con la sátira más descarada.

Entre sus mejores momentos están la secuencia del hospital al estilo Mission: Impossible, el robo al banco inspirado en The Dark Knight y el ingenioso gag meta del “PLOT device” robado al inicio. Hay también joyas de humor negro y referencias que se disfrutan más si se conoce la historia del elenco original, como la escena donde todos los policías lloran a sus padres —excepto el hijo del personaje de O. J. Simpson—, un chiste que se incrusta en la cultura pop y en la memoria colectiva.

El resultado es una comedia que, sin alcanzar el ingenio imparable de las originales, ofrece suficientes destellos de humor para entretener y, de vez en cuando, arrancar carcajadas genuinas. Es un homenaje sólido que llegará, sin duda, a convertirse —por los tiempos que corren— en cine de culto, al menos dentro del género de la comedia. “The Naked Gun” está entre lo mejor de este año, porque aunque haya detalles que no funcionan del todo, logra calar muy alto y conquistar a todo tipo de público.

Veredicto

Gustará más a quienes ya conocen el tono y la tradición de la saga que a quienes se acerquen a ella por primera vez.

7 / 10

Alien: Earth” es una serie sobre la saga Alien (valga la redundancia) que se sitúa mucho antes de lo ocurrido en “Alien: Romulus”, pero después de “Alien: Covenant”.

Siendo sincero con lo que escribo, y quienes me conocen saben que soy fan de la primera, disfruto bastante la segunda y también la tercera, dirigida por David Fincher, que por más infame que se le considere, encaja de manera adecuada en la saga y en la evolución de los personajes. Con lo que volvió a plantear Scott, la franquicia se acerca casi a la parodia, y al dejar todo abierto al canon, se incluyen “Alien vs Predator”, algunos videojuegos y no sé cuántas más adaptaciones.

La trama sigue un patrón conocido: una nave misteriosa se estrella en la Tierra y una corporación (Weyland) envía a un grupo de soldados. Resulta poco creíble que una empresa tan poderosa mande semejantes personajes, cada cual más inepto que el anterior. Como es habitual, la nave proviene de origen desconocido, cargada de elementos extraños, y ahí surge nuestro clásico xenomorfo. Ignorando que los personajes y su contacto con la criatura responden a un recurso vago de guion para mover la trama, lo demás —dirección, actuaciones y hasta efectos— se sostiene y mejora notablemente la propuesta.

Con “Alien: Earth” ha sido un acierto dejar el proyecto en manos de alguien que ya demostró trasladar con acierto a televisión un universo cinematográfico como Fargo. La historia oscila entre la pesadilla claustrofóbica de la nave original y la ambición empresarial por la inmortalidad vista en Prometheus. Es cierto que el guion pudo haber estado más trabajado e incluso abordar sus temas con mayor firmeza, pero es lo que hay bajo Noah Hawley, quien, por su experiencia en “Fargo”, puede mejorar si llegamos a tener más temporadas (que ojalá, de ser así, no pasen de dos).

Eso sí, la dirección resulta sobria, aunque falla constantemente en su género. Y aquí es difícil señalar culpables: tal vez el director, que lo entendió como un drama terrorífico; el creador, que optó por el terror clásico; los guionistas, cuyo conocimiento de la saga es limitado y evidente; o algún ejecutivo de turno. Pero ciencia ficción no es. Aun aceptando el planteamiento, e incluso la existencia de códigos éticos y sociales distintos, en el contexto narrativo se agradecería al menos un mínimo de verosimilitud en la trama y en la construcción de personajes. El director se empeña, pero vuelvo a lo esencial: el guion, que como columna vertebral, pierde fuerza desde el principio.

El reparto, por su parte, es competente, aunque cuesta empatizar cuando los diálogos carecen de peso. Es raro ver tantos actores y no conectar con ninguno, algo que en los siete episodios a los que FX nos permitió acceso se sintió en piloto automático.

“Alien: Earth” es, sin duda, un producto entretenido siempre que no se exija demasiado a la saga, cosa que difícilmente sucede desde 1997, cuando apareció la desastrosa “Alien: Resurrección”. Dicho esto, y considerando el potencial de crecimiento, recomiendo verla como un pasatiempo o para añadir detalles al lore de Alien. De lo contrario, puede ignorarse sin problema y esperar a Predator, que al parecer tendrá una ligera conexión con la serie.

Veredicto

Hay una escena donde un personaje se queda mirando fijamente a ver la cosa alienigena y dice «parece flora pero podria ser fauna».

4 / 10

Después de Thunderbolts, Marvel Studios cierra la saga Multiverso con The Fantastic Four: First Steps. Un filme que debió ser más el inicio de una saga que el cierre de la misma.

La historia, que tampoco busca complicarse, narra la historia de estos cuatro personajes que, en un viaje hacia el espacio, vieron cómo su ADN fue modificado, otorgándoles poderes increíbles. Reed Richards tiene la habilidad de estirarse a su conveniencia; Sue Storm, su esposa, puede volverse invisible; Johnny Storm convierte su cuerpo en llamas; y Ben Grimm se convierte en una gran mole de piedra súper fuerte.

Marvel nos ahorró otro inicio, como hizo Gunn con su Superman, y después de una introducción de unos cuantos minutos, estamos en la acción, con los personajes ya establecidos. El público los conoce y, de paso, sus problemáticas personales (de las cuales el espectador está totalmente harto) nos las quitan de encima.

Bajo todo esto, se les aparece Shalla-Bal —o como se le conoce en los cómics, Silver Surfer— (interpretada por Julia Garner), quien les dice que su mundo está condenado a ser devorado por Galactus, un gigante que devora mundos y que se dirige hacia la Tierra.

En ese sentido, la historia no se complica ni busca ser trascendental consigo misma, sino con sus personajes, ya que el guion se enfoca principalmente en la relación de los cuatro protagonistas y su desarrollo. Vemos una dinámica familiar más que de amistad, y cómo esta se va construyendo y funcionando en este mundo, con estos personajes y los poderes que poseen.

Más allá de todo esto, el director Matt Shakman desaprovecha totalmente a casi todos los personajes que aparecen en pantalla, a diferencia de lo que sucedió con Thunderbolts.

Por ejemplo, The Fantastic Four: First Steps tiene a Paul Walter Hauser como uno de los villanos, quien solo aparece en dos escenas. Joseph Quinn, como Antorcha Humana, tiene sus momentos, pero por alguna razón se sentía como si no estuviera cómodo con su personaje, o como si el director le exigiera ciertas características que realmente no iban con él. Solo Pedro Pascal y Vanessa Kirby destacan entre todos los demás, por una dinámica muy bien llevada de esposos (y padres).

Matt Shakman, que ya demostró su habilidad para fusionar géneros en WandaVision, apuesta aquí por un enfoque estilizado y con personalidad. Su dirección brilla especialmente en el tono: homenaje al pop-art, la ciencia ficción pulp y la estética vintage, sin dejar de sentirse contemporáneo.
No todo encaja de forma perfecta —algunos tramos se sienten apresurados o desiguales en ritmo— pero Shakman logra dotar al conjunto de coherencia visual y narrativa. Así que su función como director cumple con creces, aunque su tarea parece enfocada más en convertir en humanos a los personajes que en héroes (algo que ya demostró en WandaVision).

Es de las películas más arriesgadas del MCU reciente. El diseño retrofuturista, lleno de neones, tecnología vintage y arquitecturas imposibles, recuerda poderosamente al universo de Jack Kirby. Los efectos especiales logran transmitir una escala cósmica sin perder legibilidad, y la recreación de Galactus —más cercana a una entidad conceptual que a una figura antropomorfa— evita los errores del pasado.

Y es que la puesta en escena es extraordinaria, y a esto se le suma con mucha fuerza una banda sonora de Michael Giacchino, emulando ese aire clásico.

Si el camino de Marvel es más parecido a Thunderbolts y a The Fantastic Four: First Steps, pues alabado sea, ya que es el mejor camino sin duda alguna. Más seriedad, menos humor, pero mucho más desarrollo de personajes.

Veredicto

Es una película que apunta maneras y deja la puerta abierta a aventuras más ambiciosas y mejor afinadas.

6 / 10

¿Me contradigo?
Pues bien, me contradigo
(soy inmenso, contengo multitudes)
– Walt Whitman (Canto a mí mismo)

Hablar sobre The Life of Chuck sin dar demasiados detalles sobre su trama, es un desafío. En una historia desarrollada en tres actos, contemplamos la historia en orden inverso de Charles “Chuck” Krantz, interpretado por Tom Hiddleston (Loki) desde su muerte hasta su infancia. En esta adaptación, la más reciente de una obra de Stephen King (parte de su libro If It Bleeds, lanzado en 2020), explora temas propios de la vida, las desilusiones, las pérdidas y la alegría.

Con el desprendimiento de California y la pérdida de la red de internet, el mundo parece estar terminando, lo cual parece coincidir con la aparición de misteriosos letreros, comerciales y anuncios en todas partes despidiendo a Charles “Chuck” Krantz, luego de 39 maravillosos años.

Los personajes (y nosotros como audiencia) parecemos confundidos ante la existencia de este sujeto que parece un contable (¿se estará retirando?). A través de esta narrativa no lineal, somos seducidos y confundidos por el misterio de esta historia en la que no sabemos qué sucederá.

Mike Flanagan, en su tercera colaboración con Stephen King, se ha especializado en el cine de terror (Doctor Sleep, Midnight Mass), y hace uso del lenguaje cinematográfico para dejar símbolos y easter eggs a través de todos los actos . Utilizando su experiencia previa, lleva el conflicto al borde del horror, pero siempre sin tocarlo. En un movimiento poco común para King, este se distancia de su estilo más oscuro para dar lugar a una historia ligera, dulce y “feel good”, pero acompañada de temas filosóficos, como la muerte y el paso del tiempo.

Aquellos entusiastas de la astronomía y fanáticos de Carl Sagan encontraremos muchas referencias a su trabajo, que se vuelven un tema recurrente confiriendo detalles que se sienten personales y específicos. Esto da lugar a una historia particular con un mensaje sencillo. Porque Life of Chuck busca conjugar varios géneros, pero tal como lo es la vida, no se compromete con ninguno.

La vida de Chuck Krantz es por lo demás corriente. No necesariamente hace nada extraordinario, pero es feliz. A sus 39 años tiene una familia que le ama, es un buen contable, y baila, sí que puede bailar. Al punto, en el que la totalidad de uno de los actos se concentra en su pasión por la danza y cómo esta le permite conectar con personas y sentir la plenitud de estar vivo.

El ensamblaje del elenco, que es bastante coral, cuenta con sólidas y entrañables interpretaciones, el mismo liderado por Hiddleston, Mark Hamill  y Mia Sara como los abuelos de Chuck, además de Chiwetel Ejiofor y Karen Gillan como los protagonistas del primer acto. El resto, como la profesora de 6to grado de Chuck, su maestra de danza, su compañera de baile, una chica con la que baila una tarde, el director de la casa funeraria, y las versiones jóvenes de Chuck… todos colaboran en ofrecer interpretaciones creíbles, que continúan dando soporte a la tensión de la historia.

Un punto que podríamos considerar débil es el recurso del narrador, cuya voz presta Nick Offerman, y que puede resultar innecesario en ocasiones. Es entendible que por venir de un cuento y su estructura particular, solo que su traducción en la gran pantalla no resulta tan efectiva. En general, la entrega de ciertas líneas de parte de él y Hiddleston pueden cambiar la atmósfera y quitarle fuerza a la narración.

The Life of Chuck para algunos podrá resultar más confusa que entretenida; para otros, tendrá un mensaje profundo que no encontró su camino por completo. Otros simplemente quedarán con más preguntas que respuestas, o de encontrarlos, quizá no serán satisfactorias. La audiencia encontrará un misterio muy a lo King, pero por momentos más ambiguo. Sin duda, es una propuesta diferente, acogedora y estimulante para quien busque una experiencia más reflexiva. Chuck nos invita a encontrar gozo: en hacer lo que amamos, en conectar con desconocidos con quienes compartimos pasiones. Porque todos nosotros contenemos multitudes.

Charles Kantz. 39 grandiosos años. ¡Gracias, Chuck!

Veredicto

En medio de la locura de este mundo, The Life of Chuck nos invita a vivir y disfrutar de la vida y las cosas que nos traen felicidad; sin embargo, la entrega de ese mensaje carece de la contundencia necesaria para hacerlo valer por sí solo. No obstante, no deja de ser un rato agradable donde podrás disfrutar de Tom Hiddleston mostrando sus dotes de bailarín, y pensar en quienes amamos, por qué, y qué realmente importa.

7 / 10

Hay algo en el personaje de Superman que lo hace especial. Es alguien poderoso, pero también bondadoso.

James Gunn se nota que se divierte, que lo pasa de maravilla contando esta historia. Pero también quiere dejar claro quién es el personaje y lo que representa. Se agradece que no le importe de dónde viene, y de hecho, desbarata esa idea concebida hoy en día como un mantra: “No importa de dónde eres, sino quién eres”, le dice su padre, Jonathan Kent (interpretado por Pruitt Taylor Vince), en una escena bastante conmovedora.

Sin embargo, a pesar de eso y de querer bañar al personaje de la humanidad que tantos fans vienen pidiendo, Gunn se pierde con la columna vertebral de la película: su guion.

Superman es una película de superhéroes que incluye una trama dramática sobre el significado de ser el personaje, una trama política con Luthor, comedia involuntaria marca Gunn, comedia clásica porque quiere rendir tributo al clásico, e incluso un guiño a su gran amigo Zack Snyder, intentando suavizar una de las tramas de su polémica trilogía.

En esta evocación/reconstrucción del folclore pop de Superman, Gunn apuesta por abrir el juego hacia dos zonas en apariencia muy distantes entre sí: el thriller político y la comedia cuasi infantil.

Al ahorrarse tiempo evitando contar el origen de un personaje que hasta el más despistado conoce, el director se adentra en una trama geopolítica que hubiese sido perfecta si Snyder la hubiese desarrollado, en lugar de torturarnos con Batman vs. Superman.
Lo peor es que tampoco Gunn sabe manejar esta trama: se diluye entre una rabieta del personaje, dos escenas de un noticiero y algunos personajes secundarios hablando del tema, hasta el punto en que ya no importa si uno ataca al otro, a pesar de que la ficción presentada (Rusia vs. Ucrania) resulta bastante realista.

Gunn sabe que no puede, no quiere o no le conviene imponer una película familiar centrada en las manipulaciones geopolíticas de un billonario que controla a dos grandes potencias y que tiene al buen Superman como único posible enemigo. Por eso, intenta hacerla más accesible con su clásica y colorida juguetería: soldados con armaduras raras, una metahumana que se convierte en lo que quiera, otro metahumano con todo tipo de poderes, un portal que conecta con una prisión intergaláctica donde hay de todo (incluyendo exnovias), y un monstrico gracioso al inicio que parece sacado de una película de Pixar.

Aquí, Gunn se desborda con la comedia cada vez que puede. Algunas funcionan y otras no. Algunas causan risa, otras dejan indiferente.

Amarrado a todo esto está el desarrollo de personajes, donde solo el trío Superman, Lex Luthor y Lois Lane tiene verdadero desarrollo, y aun así, se sienten desdibujados.

Lo más cercano al clasicismo narrativo que posee la película ocurre en el entorno del Daily Planet/Clark Kent. Rachel Brosnahan encarna a Lois Lane –colega y novia– y Skyler Gisondo a Jimmy Olsen. Gunn juega aquí con la relación entre el superhéroe y la periodista de un modo que recuerda a las comedias románticas clásicas. Es en esta parte donde mejor se lucen las aptitudes actorales de David Corenswet, quien logra apropiarse del personaje con solvencia.

Rachel Brosnahan también devora la pantalla con una seguridad abrumadora, y ni hablar del desaprovechado Nicholas Hoult, a quien Gunn interrumpe justo cuando empieza a despegar.

El resto del reparto, como Nathan Fillion, Isabela Merced, Mariela Gabriela de Faría y Edi Gathegi, cumple lo suficientemente bien.

La música, compuesta por John Murphy (amigo y colaborador de Gunn), brilla especialmente en los momentos dramáticos, más que en los de acción.

La fotografía está a cargo de Henry Braham, otro frecuente colaborador del director. Al igual que en Guardianes de la Galaxia Vol. 3, Braham destaca los colores brillantes y da énfasis a los exteriores de día. Basta ver cómo algunas escenas pierden impacto cuando Superman vuela en la Antártida.

Aun con su caos interno y su constante choque de tonos, Superman es una película que parece estar viva. Es ágil, por momentos graciosa, y tiene una ligereza que el universo DC necesitaba después de tanto tiempo. Un futuro más prometedor.

Veredicto

Gunn logra aportar algo de aire fresco, ingenio e incluso cierta autoparodia frente a las convenciones del género, pero en el fondo, su película no alcanza la perfección que muchos esperaban…incluyendome.

6 / 10

Cuando las personas van al cine, lo hacen para disfrutar de una película. F1 logra eso… y tal vez un poco más.

Brad Pitt interpreta a Sonny Hayes, un veterano piloto de automovilismo (porque, al parecer, puede conducir cualquier cosa) que es invitado por un viejo amigo a integrarse a un equipo de Fórmula 1, ante la necesidad urgente de un conductor experimentado que los acerque a su primera copa. Esto da pie a una rivalidad con Joshua Pearce —interpretado por un solvente Damson Idris—, un joven pero ya veterano piloto, que ve amenazada su posición.

Desde el inicio, el guion es simple y no hay grandes giros. De hecho, la estructura es tan predecible que uno llega a imaginar ciertos caminos… pero no, ni siquiera toma esos desvíos. Esa linealidad genera una ligera sensación de desconcierto: al salir de la sala, muchos espectadores lo comentaban. Tampoco se profundiza en los personajes. Todos tienen poco desarrollo y apenas se sostienen gracias a la calidad de los actores, que logran imprimirles cierta vida. Aun así, son figuras acartonadas y, cuando el guion exige un cambio en ellos, estos no se sienten ni naturales ni creíbles.

Un ejemplo claro: en cierto momento se revela que Sonny padece problemas de salud. Pero hasta ese instante, la película no ha dado una sola pista. No hay mareos, fatiga, ni señales sutiles; incluso hay una escena en la que maneja de madrugada con total normalidad. Lo mismo ocurre con el resto de los personajes: reacciones y transiciones forzadas, sin justificación narrativa.

En cuanto a la dirección, ya conocemos a Joseph Kosinski por Top Gun: Maverick y su participación en Twisters. Es un director entregado al blockbuster palomitero: visualmente atractivo, con uno que otro encuadre interesante (aunque nada innovador), y enfocado en entretener al público.

¿Entrarás o no entrarás en su juego? Para mí, los primeros 20 o 30 minutos son un deleite visual, casi una carta de amor a los fanáticos de la Fórmula 1 y del automovilismo. Pero claro, esto no es un documental. Una vez pasado ese prólogo, la película entra de lleno en su fórmula: autos a toda velocidad, fan service, comentaristas explicando en voz alta lo que pasa en pantalla, emociones exacerbadas, duelos rueda a rueda, accidentes, explosiones… cada escena intenta superar a la anterior.

Entre los aspectos positivos, destaca su ritmo dinámico: siempre está ocurriendo algo, por lo que es difícil aburrirse. El tono es ligero, la cinematografía espectacular (aunque el CGI de los coches canta bastante en ciertos momentos), y la presencia real de la Fórmula 1 como telón de fondo —con circuitos y pilotos verdaderos— le da un toque de autenticidad que los fans sabrán apreciar.

Sin embargo, “F1” tiene otro problema más allá del guion y sus personajes: la fuerza antagónica. Al utilizar pilotos reales, que evidentemente no pueden ser retratados como los «villanos», la competencia pierde fuerza dramática. Más allá de un nombre gritado por los comentaristas y un coche en pantalla, no hay un rival claro. Los protagonistas terminan corriendo casi contra fantasmas. Y justo cuando se acerca el tercer acto, aparece un «nuevo enemigo»: una junta corporativa anónima, de la que apenas vemos un rostro —el de Tobias Menzies— con una interpretación desganada y sin carisma, como si hubiese ido al set a recitar sus líneas y marcharse con el cheque.

En resumen, “F1” es un blockbuster ambientado en el mundo de la Fórmula 1. Tiene suficientes elementos para entretener y acelerar el pulso, pero no logra destacar en ningún aspecto. Hay muchas otras películas que ya usaron los mismos ingredientes… y con resultados muy superiores (RushFord v Ferrari, por ejemplo).

Veredicto

Se trata de una película con alguna actuación destacable, una dirección correcta y un argumento predecible. Consigue entretener, que no es poca cosa

5 / 10

28 Years Later” no va a reinventar el género como hizo “28 Days Later” del mismo Danny Boyle y “Dawn of the Dead” de Zack Snyder, por allá a inicios de los 2000.

Pero ojo, que los “zombies” de esta saga no son “zombies” como tal. De hecho, son infectados por un virus proveniente del mono y que, por alguna razón, siguen vivos. Alex Garland (“Civil War”) vuelve a ser el guionista, como lo fue con la primera parte, y aquí tratan de explicar cosas que la segunda (“28 Weeks Later”) no hizo (donde solo figuraban como productores los dos creadores), teniendo en cuenta que han pasado 28 años según la película. En esta ocasión seguimos a una familia en un mundo hostil con estos infectados.

Desde los primeros minutos, este filme es una declaración de intenciones: los planos nerviosos, el montaje rabioso, los movimientos de cámara que desafían la comodidad visual. Danny Boyle y su director de fotografía, Anthony Dod Mantle —con quien ya había trabajado en la primera película de la saga— optan por una estética que parece diseñada para incomodar, para recordarnos que en este mundo no hay tiempo para contemplaciones. El estilo visual, heredero directo del caos sucio y angustiante de la primera entrega, se extrema aún más, convirtiendo cada persecución en una experiencia sensorial.

Mientras que su secuela optaba por una imitación de este estilo característico de la primera, pero sin lograrlo del todo (es terrible cómo en la parte dos, con la escena del metro, solo podemos apreciar una mano y una pared), en “28 Years Later” quieren decirnos abiertamente: estamos todos en peligro y ya los humanos son igual o peor que los infectados. No podemos confiar en nadie.

Garland opta por un guion más pulido e incluso más sobrio que sus propios trabajos, pero con los errores característicos de propuestas como “Civil War”. Por momentos es críptico y austero, dejando que el silencio y la crudeza de las imágenes hablen por sí solas. Pero en otros tramos —sobre todo cuando toca explicar ciertos detalles geográficos o lógicos (como el tema de las mareas o la aislación insular del nuevo escenario)— cae en una sobreexplicación innecesaria, subrayando lo que el montaje o la puesta en escena ya habían transmitido con eficacia. No necesitamos que nos expliquen lo que ya estamos viendo.

En cuanto a las actuaciones, Alfie Williams, el niño protagonista, cumple con creces, mostrando lo necesario para mantenernos y hacernos creer que se sienten en peligro constante. Aaron Taylor-Johnson y Ralph Fiennes actúan con una solvencia impecable; sin embargo, quien lleva el filme a niveles extremos es una de mis actrices contemporáneas favoritas: Jodie Comer (“The Last Duel”). Inaudito lo que logra, superando todo lo que ha hecho durante su carrera y, sin temor a equivocarme, la mejor actuación femenina del año (al menos de lo que ha salido hasta el día de hoy).

El diseño de sonido es uno de los elementos que mejor sostienen la tensión constante. Hay un uso inteligente del audio ambiente que contribuye a esa sensación de que el peligro está siempre a medio metro, aunque no lo veas. Si algo heredó bien esta tercera entrega es el legado sensorial del primer film, ese que no te dejaba respirar tranquilo ni cuando no pasaba nada en pantalla.

Lo que sí puede discutirse —y probablemente divida aguas— es el nivel de accesibilidad que tiene la película para los nuevos espectadores. Es cierto que narra una historia con personajes nuevos y un contexto actualizado, pero está tan empapada del espíritu y el lenguaje de las entregas anteriores que cuesta imaginar a alguien totalmente ajeno al universo conectando con ella de manera profunda. Es decir, aunque no hayas visto las anteriores (una que otra referencia aparece en la actual), su universo, su mundo, su esencia, está en toda la película y es algo totalmente diferente al cine zombi de Hollywood. Hay que saber a lo que vas.

Al final del día, “28 Years Later” reúne a Boyle y Garland, dándole lo necesario a la franquicia para mejorarla y actualizarla lo más posible. Es, sin duda, uno de los mejores blockbusters de este año y que tanto he disfrutado.

Veredicto

Una película destacable que puede tener un gran futuro si no cae en la facilonería de otras largas sagas como Underworld o similares.

6 / 10