Severance narra como Mark Scott (Adam Scott) dirige un equipo en la empresa Lumon Industries, cuyos empleados son sometidos a un procedimiento quirúrgico que separa sus recuerdos entre su ámbito laboral y su vida personal.  Este atrevido experimento se pone en tela de juicio cuando un ex empleado se le aparece fuera de la empresa a decirle que las cosas no son como él cree.

El entorno laboral, más o menos amable, más o menos hostil, nos obliga de forma irremediable a contener nuestro auténtico yo. En un ambiente con sus jerarquías, con sus desequilibrios, resulta imposible ser uno mismo. Es probable que nuestro entorno más cercano se sorprendiera con nuestra versión laboral de la misma manera que nuestros compañeros laborales se podrán sorprender con nuestra vida privada.  La serie de Apple TV va un paso más allá y se plantea qué ocurriría si un implante cerebral permitiera separar esas dos facetas. Durante la jornada de ocho horas dejaríamos a un lado nuestra vida personal, que retomaremos al fichar la salida. Dos vidas completamente separadas, ajenas la una de la otra. El sueño cumplido de toda empresa, que dispondría de una legión de subordinados libre de taras mundanas, y de todo aquél workaholic que incomprensiblemente se lleva el trabajo a casa.

¿Qué individuo sería capaz de someterse a semejante barbarie? Es uno de los muchos interrogantes que plantea la serie, cuyos cuatro protagonistas, aparentemente sin nada en común, tan solo se conocen en el ámbito laboral. Una vez se adentran en el ascensor de la empresa, con una salida escalonada cada cinco minutos, se convierten en absolutos desconocidos y retoman su vida personal.

Producida y dirigida por Ben Stiller, “Severance” es lo opuesto a la comedia. Es un thriller de ciencia ficción de lo más absorbente y enigmático, con un ritmo y una atmósfera muy particulares, rozando por momentos el surrealismo, pero con una voluntad muy clara de reflexión sobre los límites de nuestra propia intimidad.  Una serie que fácilmente puedes tirarte en un solo día buscando respuesta, cómo había logrado las tres temporadas de Dark en su salida con los espectadores.

La serie reproduce a la perfección los esquemas, los roles y las dinámicas de toda organización empresarial. Los protagonistas, sin ir más lejos, pertenecen a un departamento de nombre rimbombante cuya función prácticamente desconocen.  Pero es en el misterio, en la incógnita, donde reside el gran interés de esta apasionante serie.

La premisa narrativa de Severance es muy directa y potente, pero la manera en la que Stiller la pone en marcha va más por el lado de lo enigmático y hasta de lo incomprensible, optando más por la extrañeza del espectador que por su activa participación en desentrañar el misterio. De a poco eso va girando, pero de un modo poco usual.  Aquí el director (de casi todos los capítulos) sabe manejar la información, entregando de a poco las respuestas.

Hablar más allá de lo que el guión ofrece, como en actuaciones, música, y otros, es perder el tiempo.  Aquí nada sobra y nada está mal.  Las actuaciones TODAS son buenas.  Desde John Turturro (Barton Fink) a Patricia Arquette (Medium) y de Christophen Walken (El Francotirador) a Zach Cherry (Succession) pasando por Adam Scott (Big Little Lies) y cualquier otro que se empiece a pasear en pantalla, hasta la música de Theodore Shapiro que es poderosísima y la fotografía fría de Jessica Lee Gagné para demostrar lo frío que es el mundo corporativo.

Severance está repleta de dardos envenenados contra la cultura corporativa, sobre todo aquella que promueve el optimismo como motor existencial, la mitificación de los CEOs o risibles sistemas de incentivos para mantener contento al personal.

Veredicto

La serie es un triunfo por donde se le vea: las actuaciones están al nivel de la angustia existencial que se plantea, el diseño de producción resulta en eficaz herramienta para incrementar nuestra sensación de encierro y el guión nos hace pensar en la cualidad ambivalente del trabajo.  Una verdadera joya.

9 / 10

Mark Mylod es un director y guionista conocido por grabar varios capítulos de “Juego de Tronos” y de “Succession”, y ahora dirige y escribió “The Menu”.

Esto más allá de ser una película sobre la cocina, es una crítica hacia las clases y hacia las influencias (de todo tipo).  Y películas con esa temática han habido varias: “The Triangle of Sadness”, “White Noise” y “The White Lotus”, por poner uno que otro ejemplo.  La cinta está estructurada por fases -al más puro estilo de un menú en un restaurante de alto standing- y su historia se nos va contando a medida que avanzan los distintos platos del servicio -entrantes, primer plato, segundo, etc.-.  Al articular toda la estructura de esta manera la película consigue, no solo ir aumentando la tensión en base a los hechos que van a ir ocurriendo, sino que tengamos la sensación, como espectadores, de estar asistiendo a una “degustación” nosotros también.

Con este recurso, que me parece sumamente original, creo que el director consigue que la película funciona francamente bien gracias a la capacidad para ir cambiando la puesta en escena de los distintos platos y al manejo de un guión que, si bien tiene sus errores en algunos puntos lógicos, si que funciona muy bien a la hora de que la dinámica sea mucho mejor y ayude a que el espectador no se aburra.

Hay que dejar claro, y sin entrar en muchos detalles para no dañar la experiencia a nadie, que es interesante como el director conjuga muy bien los géneros tan dispares haciendo que funcionen todos.  Desde la comedia negra, hasta el drama, pasando por el suspenso y tocando el thriller y en algunos momentos el terror psicológico.  Estamos ante una película que puede hacerte reír mientras que a los siguientes segundos te mantiene preocupado, algo que a pesar de, no es tan fácil de conseguir.


Lo que sí puede ser negativo en The Menu, es que el espectador que intente buscar una coherencia en todo (y explicaciones detalladas) podrá salir decepcionado ya que tanto los personajes como la misma historia, tratan de ser más superficiales dando al espectador la oportunidad de conectar el mismo los puntos.  Algo que tal vez su guión, como se mencionó anteriormente, no pueda llegar a la altura por fallos que contienen en su propia estructura.  Y son cosas que no busco desvelarle a nadie porque la verdad la experiencia debe ser única, pero son algo notables, principalmente en la segunda parte del filme.

En cuanto a las interpretaciones pues pocas cosas negativas se le puede sacar a un cast de profesionales como los que se pasean por este filme.  Destacan un Ralph Fiennes en estado de gracia, Hong Chau quien lamentablemente no le dan más rienda suelta, Anya Taylor-Joy perfecta y un Nicholas Hoult que no dejará al espectador indiferente.  La música con muchos tonos clásicos, como si de una presentación culinaria bastante exclusiva se tratase a cargo de Colin Stetson, y la fotografía de Peter Deming donde se juega mucho con los momentos oscuros.

Veredicto

Sinceramente, quizá no sea la película con el guión más perfecto del mundo. Ni con la mejor recreación de comportamientos humanos lógicos. Pero, a pesar de ese hándicap, consigue ser una película muy entretenida que funciona francamente bien en todo lo que intenta.

7 / 10

Las películas basadas en videojuegos cada día están mejorando.  “Mortal Kombat” a pesar de sus defectos no está nada mal, “The Witcher” es una muy entretenida serie con buen apartado técnico.  “The Last of Us” , basada en el famoso videojuego de Naughty Dog para la consola Playstation, es la serie insignia para este año por parte de HBO.


La historia hace homenaje al videojuego constantemente, para los más puristas, y tal vez sea aquí donde se pierda porque a pesar de ser la misma historia son medios distintos para presentarlos.  Pero déjame darles un contexto para que tengan una idea:  Era el 2013 y un guionista de videojuegos llamado Bruce Straley crearon “The Last of Us”, el cual fue una idea compartida en conjunto de otro guionista que estaba en su equipo llamado Neil Druckmann.  Este videojuego fue tan exitoso que Druckmann fue ascendido a “co-guionista”, por lo que para una segunda parte que se hizo esperar hasta ocho años, pero, ¿por qué tanto tiempo?

La dupla de Bruce y Neil era excelente, ya que Neil era un caos pero creativo, y Bruce sabía controlarlo para darle estructura y sentido, darle narrativa estructurada, arcos a los personajes, argumento definido y desarrollo a todo.  Algo para que te quedes enganchado.  Pero tanto había escalado Neil y su ego subió tanto que se vendió como si fuese el único creador de la misma y la segunda parte dejó a todos fríos, porque unos decían que era una obra maestra y otros que no, entonces la respuesta corta es esta: los guionistas chocaron bastante, principalmente por culpa de Neil, al punto de que Bruce abandonó la empresa a mediados del 2019.


Volviendo al cine, HBO ha decidido comprar los derechos y contar con Neil para que sea guionista junto a Craig Mazin, quien es el showrunner, director de algunos capítulos y creador de “Chernobyl”, la miniserie excelencia del 2019.  ¿Qué sucede? Tenemos un mismo caso que en los videojuegos, donde se siente que gracias a Craig Mazin tenemos una historia coherente y que podemos seguir, pero por alguna razón se introducen elementos que cualquier jugador se dará cuenta que son parte de videojuegos y que no cuadran en lo que nos están contando.  Y ahí es donde reside uno de los problemas más marcados de la serie, o tal vez, para ser honestos y en honor a la verdad, el único problema.

Porque son pocos los dramas de ciencia ficción que cuenten con este calibre de actuaciones para mantener los nueve capítulos, casi en su totalidad, cargados solo por ellos.  Bella Ramsey como Ellie es una de las mejores actuaciones de series actuales.  Mientras que Joel, interpretado por un Pedro Pascal que sobresale y cumple con creces, ayuda a cargar la serie en sus hombros.

El excelente (y paranoico) primer episodio dirigido por el propio Mazin (casi un largometraje en sí mismo con una duración de 81 minutos) tiene un prólogo ambientado en 1968 en el que unos científicos advierten sobre los efectos devastadores que un virus podría tener en la humanidad. Y esa hecatombe se desata en 2003, cuando un hongo parásito llamado Cordyceps se propaga entre los humanos, convirtiendo a muchas personas en una suerte de zombies ya sin cerebro pero con ansias de devorar todo.

No conviene adelantar demasiado de una historia que tiene unas cuantas subtramas, saltos temporales y geográficos, y derivaciones dentro de diversos géneros, logrando que que por momentos cierto minimalismo conspire contra la atención del público más adepto a los estímulos constantes, pero volviéndose en un prodigio de serie, donde el despliegue visual y musical (a cargo de Gustavo Santaolalla, al igual que el videojuego) es perfecto.

The Last of Us, cuenta con distintos directores durante todos sus capítulos logrando crear un sin número de emociones distintas en cada uno.  La serie no apuesta, al menos no del todo, a la ambigua complejidad de otras de similar temática como Dark o Severance, pero se caracteriza por su humanidad, sus destellos de nobleza y un carácter épico sostenido en la solidaridad y la conexión que se genera entre un posible padre y una posible hija frente un mundo que los abraza y los expulsa al mismo tiempo.

Veredicto

2023 ya tiene una de las candidatas a mejor serie dramática del año, a pesar de que tiene unos golpes en el guion, pero que esto no aleje a nadie porque las direcciones ayudan bastante a digerir esto.

8 / 10

Hace unos años el director Ali Abbasi, a pesar de tener un debut decepcionante, tuvo un buen año en el 2018 con “Border” (“Grans” en su idioma original) y ahora con “Holy Spider” logra consagrarse.  Ambientada en Irán, en el 2001, sigue a una periodista en Teherán, quien se sumerge en los barrios con peor reputación de la ciudad de Mashhad para investigar a un asesino de mujeres, que asegura purificar la ciudad de los pecados.  Mientras más se adentra en ello, se va dando cuenta que también corre peligro y que las autoridades no están dispuestas en ayudarle.


El filme es un thriller con tonalidades neo noir, que en su primera hora parece beber mucho ese estilo muy característico de David Fincher mientras que la segunda está más enfocada en los procesos judiciales, más que la investigación recordando mucho a la serie “Criminal” donde se conectaba todo en base al cuestionamiento.  Y aunque al final la orientación del director es clara, sus métodos para muchas decisiones que toma son un tanto cuestionables, la cual nos ahorraremos para evitar spoilers.  Por lo que, para comodidad del espectador, la incompetencia de las fuerzas de la ley, retratadas aquí como desastrosas por corrupción o cualquier otro problema, (algo que Under the Banner of Heaven, retratan bastante bien), hace que, después del giro central en la narrativa, retrata las diferentes interpretaciones de lo “justo”, para los habitantes de ese país arabe, dejando en evidencia el machismo que impera en la sociedad de forma cruda cuando muchas personas ven como “héroe” al asesino.

El guión de “Holy Spider” no se va por las ramas, es de agradecer, principalmente en el cambio de los estereotipos de personajes, como es el caso del asesino, que no aparece retratado como un extraño sociópata que está excluido del mundo, sino como un hombre común y corriente con todo y familia, que vive en la sociedad como cualquiera de nosotros, casi diciendo que cualquiera puede ser culpable.

El filme cuenta con Zar Amir-Ebrahimi como la protagonista, quien absorbe al personaje con solvencia a pesar de tener un nulo desarrollo de personaje.  En cuanto al apartado técnico, la fotografía con tonalidades sombrías es a cargo de Nadim Carisen, quien también será el encargado de la serie que viene dentro de poco de HBO llamada “The Last of Us”, mientras que la música es de Martin Dirkov, usa mucho las composiciones clásicas del noir.

En conclusión, “Holy Spider” despliega elementos narrativos bastante interesantes y que ayudan a que el espectador no se aburra en ningún momento, a pesar de que el director a mitad del filme y en algunos tramos toma unas decisiones poco favorables.

Veredicto

Los primeros dos actos están llenos de aspectos relacionados con investigaciones, indagaciones y tensión forjada que marcan muchos clásicos del género, y aun aunque falle, funciona.

6 / 10

“Triangle of Sadness” es una película, que al igual que “The Menu” o la serie “Succession” hacen una sátira a las clases y las critican.  En este caso el director Ruben Ostlund se enfoca en el sinsentido del comportamiento del ser humano, el egoísmo, la búsqueda de la fama, y a una obsesión por el dinero propia de la sociedad capitalista en la que vivimos, como una revisión a que sucedería en una sociedad matriarcal y equitativa.

La película de cerca de 3 horas de duración está dividida en 3 partes, que son continuación una de otra, narra como Carl, un modelo profesional y Yaya, una influencer, son invitados a un yate crucero de lujo donde van los más ricos.  Mientras todo parece ir bien, una tormenta y un ataque de piratas hará que la tripulación llegue a una isla desierta y tanto los ricos como empleados se replantearon las clases a las que ellos están.  La estructura es sencilla, pero engancha. Los diálogos no inundan la película, pero por su brevedad literaria generan la cantidad de humor necesaria para que ‘el chiste’ dure toda la cinta. Es decir: aquí el chiste es el ser humano, y todo lo que dice forma parte de esa gran broma cuyo clímax resulta su abandono absoluto a no querer ser abandonado.

Es de halago cómo Östlund consigue con su dirección que el tono satírico esté presente en todo momento, con un gran uso de los planos generales y los ángulos de cámara que meten de lleno al espectador en las nauseabundas escenas que aparecen. Sabe colocar a cada personaje en su lugar y consigue que no miremos la hora en nuestro reloj, pese a lo largo del metraje.  Claro, no es que sea la cinta excelencia 2022, pero es lo suficientemente entretenida para mantener al espectador mirando, a pesar de que en sus primeros minutos buscando desarrollar a sus protagonistas tenga un tramo bastante lineal.

“Triangle of Sadness” es una comedia negra donde cualquier cosa puede ocurrir y lo grotesco se apodera del relato, pasando incluso por situaciones en las que lo escatológico tiene su participación, para hacer del segundo acto del film un desfile caótico de momentos tan disparatados como entretenidos, algo que a muchos les agradará y a otros quizás los sature por su reiteración en su agudo recurso, pero que en definitiva no deja indiferente a nadie.

Al final el filme es entretenido y muestra una visión algo divertida de las clases.  Su guión está bien pulido a pesar de repetir mucho lo mismo o irse en diálogos innecesarios, pero que en la dirección se ha sabido manejar para no bajar su ritmo.

Veredicto

Ostlund logra una película divertida con grandes momentos y una mirada crítica y salvaje a las clases.  Le falta un poco de humor acido y negro, mas que critica.

6 / 10

Damien Chazelle es un buen director.  De eso no existen dudas.  En el 2014 sincronizaba la música con las escenas en “Whiplash”, y lo mismo hizo en el 2016 con “La La Land” pero esta vez tuvo la osadía de mezclarlo con bailes.  Esta vez, al igual que hizo Rian Johnson con “Glass Onion”, lo hizo Chazelle a tener todo un reparto gigante para “Babylon”.

La historia está basada en los años 20, con un Hollywood lleno de excesos (cuando no), donde Nellie LaRoy es una aspirante de actriz en ascenso donde un Jack Conrad, un actor popular el cual se dedica a realizar fiestas exageradas.  Básicamente es el ascenso y caída de un sin número de personajes que se pasean por pantalla, y aquí es que está el asunto con “Babylon”.  Porque si, el filme trae una historia con el personaje de LaRoy, pero es una historia que por momentos parece que se va a un segundo plano con todo lo que va sucediendo en pantalla más los personajes.  Margot Robbie, Brad Pitt, Diego Calva, Tobey Maguire y Jean Smart sin duda son quienes mejor brillan en pantalla.  Eso sí, que agradecidos estamos con Chazelle por juntar a Margot Robbie y Samara Weaving.

La magnífica puesta en escena del director es de lo mejor sin duda alguna.  Chazelle hace una oda al cine clásico y para eso ha contado con la fotografía de su compañero Linus Sandgren, el cual mantiene esa imagen que evoca a lo clásico, a lo antaño.  Momentos mágicos como los primeros minutos donde inicia la fiesta, es una verdadera delicia junto a la música del ya conocido y muy amigo del director, Justin Hurwitz, quien sin duda alguna parece ser que es la mano derecha del director y quien lo entiende a la perfección, y como no puede ser de otra forma, esta dupla necesita una edición impecable y aquí entra el editor Tom Cross, quien sabe donde y como cortar en conjunto con la música.

Al final del dia, esta reseña ha sido corta porque no hemos querido quitarle el deseo de que vean “Babylon” porque es un buen filme pero lamentablemente no es la mejor película de Damien Chazelle y es una lastima, porque le tenía muchas ganas y pensaba que estábamos ante la mejor película del año.

Veredicto

Con una magnífica puesta en escena, toda la energía narrativa y creativa que construye, acaba colapsando en sí misma, porque es una película que piensa en grande, aspira a lo grande, interpreta lo grande y lleva todo lo grande, pero se siente mediana.

5 / 10

Cuando se habla de Noah Baumbach, se habla de un director sosegado.  Su filme “Historia de un Matrimonio”, me pareció de lo mejor del 2019 en todo el sentido de la palabra.  Ahora con “White Noise”, pues vuelve a repetir como una de las mejores obras del año 2022, aunque por el momento no sabe qué rumbo tomar.

Un accidente industrial causa un incidente medioambiental que hace que una familia que vivía en un buen barrio, deba dejar todo atrás e irse para salvarse, pero en el camino las seguridades que le rodeaban ya se tornan secundarias.  Este es el argumento donde Adam Driver y Greta Gerwig, toman rienda suelta, donde el primero derrocha un carisma impresionante mientras que Gerwig por momentos quiere dar más de lo que el guión y el director le permiten.

El guión se utiliza como radiografía de una sociedad elitista donde lo más importante es nada y como no saber nada es la respuesta a todas las preguntas (increible la escena donde los hijos le preguntan cómo sabe que todo está bien y el solo responde en base a lo que él siente y no lo que en realidad es, tomando esa visión como si fuera la de todos).  No se esmera en desarrollar personajes porque no los necesita, y aun así trata de hacerlo para no dejar al espectador en el aire.  Su historia se desarrolla constantemente y de paso la cuestiona, como la escena donde se compara a Hitler con Elvis, en base a mitos y leyendas, nada concreto.

La puesta en escena es correcta pero se tropieza.  En momentos tan extraños donde toca el terror elaborado, o el suspenso con temática de caos, para pasar de golpe y bruscamente al humor slapstick, o al drama crítico.  Sin embargo a pesar de todo esto, el director ha entendido que “White Noise”, que más allá de lo coyuntural, lo que funciona en la novela de Don DeLillo (el filme está basado en una novela), es efectivamente, el miedo a la muerte, y lo plasma de la mejor forma y con la madurez posible para que el espectador no lo olvide en ningún momento.

No cabe duda que estamos ante la obra más madura de Baumbach, donde mide hasta el timing del filme, convirtiendo escenas domésticas en una versión madura de una sitcom.  Lo mismo en las escenas dentro del vehiculo donde desborda todo el humor negro y absurdo para envolverlo con varias criticas sociales sin tapujos.

La película crece en esos momentos en los que se ríe del cine de catástrofes, de cómo Hollywood ha condicionado a la clase media americana en el miedo y en la gestión de una catástrofe. También en las escenas del supermercado, donde el temor a la muerte se combate comprando.  “Temanle a la multitud” dice el personaje de Adam Driver en uno de los discursos más estrambóticos del filme, pero todas estas alabanzas, quedan disipadas de mala manera cuando el director hace el cambio de género y tono o cuando el director deja pasar las oportunidades de Greta Gerwig, y así otros motivos que empañan un poco la experiencia.

“White Noise” es un buen filme, de hecho, es uno de los mejores de este año, pero que entre tantas capas se siente un tanto perdida.

Veredicto

Es una correcta adaptación que no encuentra el tono adecuado.  Toca muchos elementos como la sátira, relato de terror, distopía apocalíptica, sitcom familiar, pero de todas toca un poco y no toca nada.

7 / 10

Una de las sorpresas del 2019 fue la película de Rian Johnson, “Knive Out”, la cual dirigió después de una controvertida “Star Wars Episode VII: The Last Jedi”, la cual terminó de dividir el fandom.  Glass Onion: A Knives Out Mystery es la secuela que no se siente ser parte de la anterior en ningún punto.

En esta ocasión Benoit Blanc vuelve como el detective que intentará descifrar quien ha sido el asesino del multimillonario Miles Bron (un Edward Norton bastante agradable).  De entrada decir que me gusta la filmografía de Johnson, a quien no considero un mal director.  Incluso su Star Wars me parece lo bastante interesante de forma visual como para poder compensar sus huecos argumentales, que aquí sí es otra historia.  Lamentablemente los guiones de Johnson tienen demasiados huecos argumentales y esta no es la excepción.  El desarrollo de la historia es caótico y lleno de clichés, que hacen que la puesta en escena se sienta algo apresurada e incluso un poco forzada.  A todo esto el desarrollo de los personajes es inverosímil y salvo en momentos, podemos realmente entender y empatizar con los personajes.  No muy bien se ha llegado a terminar el primer acto y ya uno sabe cómo terminará la película, lo sucedido con algunos personajes e incluso tentar (y tal vez fallar) con quien es el asesino, recurso bastante sobado y de guionista perezoso el desenlace.

Daniel Craig está bastante correcto e incluso se siente cómodo con el personaje.  Todos estos años como James Bond y ahora viéndose hacer otros papeles, hace que se note su entusiasmo.  Edward Norton es el siguiente que aprovecha cada momento en pantalla y no es que tenga la mejor actuación de su carrera, pero no está nada mal.  Kathryn Hahn y Kate Hudson, junto a Dave Bautista desatado son quienes logran hacer el viaje más entretenido de la cuenta.

La historia de Glass Onion: A Knives Out Mystery intenta mezclar también suspense con comedia, tiene una idea argumental interesante, cierto entretenimiento en su desarrollo, se inicia de modo atractivo y éste se mantiene un tiempo, pero según avanza la trama empiezan a acontecer giros demasiado forzados, reacciones de personajes y sucesos propios de comedias muy alocadas con esos clichés que tampoco ayudan mezclado con personajes que en ocasiones actúan de modo incoherente haciendo cosas que no terminan de encajar o se explican de modo poco convincente, y desembocando todo ello en un salvaje efectismo.

En definitiva, Glass Onion: A Knives Out Mystery, parece que es una película que busca aprovechar el éxito de la anterior, con la intención de crear franquicia, pero se confía demasiado en que el publico gusto de la anterior antes de crear un producto que se esfuerce doblemente ya que el público va preparado.  Mientras que la anterior era un misterio que a veces mezclaba escenas cómicas pero mantenía su argumento serio, esta parece una parodia de aquella.  Si la anterior iba desenmascarando el misterio poco a poco, esta va engañando al espectador ocultando pistas para luego mostrarla, pero no vale porque estaba fuera de cámara.

Veredicto

No es que sea la peor película, pero en comparación de la anterior, deja mucho que desear.  El guión tiene huecos argumentales bastante obvios que dejan al espectador con un sabor agridulce.

6 / 10

El tema de la pérdida se ha manejado en Hollywood en los últimos meses.  “1899”, la tercera temporada de “Barry” y “The Banshees of Inisherin” son algunas de ellas.  La paternidad ha sido otro tema que se maneja muy bien en “Sea Beast”.  Y de estos dos puntos es que se trata “Guillermo del Toro Pinocchio”.

Este año Disney trató de llevar la historia del personaje de madera pero sin éxito, aunque contaba con Tom Hanks en el frente como el padre y creador del personaje.  Tal vez por la falta de alma que llevaba el filme, algo que Del Toro, por suerte, mantiene.  Una visión algo diferente que se desarrolla en medio de la segunda guerra mundial, en una Italia fascista, con Benito Mussolini siendo una de las gracias del filme, n Geppeto alcohólico, deprimido con el corazón roto por la pérdida de su hijo pequeño en un bombardeo, y un prólogo final de lo más triste pero claramente humano.  “Guillermo del Toro Pinocchio” trata de ser súper honesta, emotiva y sobre todo, real.

Ya todos saben de qué va el cuento, así que explicarlo es innecesario.  Solo queda dejar claro (una vez más) que esta historia no es la que habrán visto de la mano de Disney, ya que tiene modificaciones.  Eso le permite al guión jugar con todos los elementos posibles para desarrollar mucho mejor su historia.  Cuál es el valor de la amistad con esa hermosa escena de Pinocho y Candlewick.  Todas llenas de simbolismos hermosos como el derrame de pintura en los zapatos de Podestá, también cuando unen las dos banderas en el campamento haciendo alusión de que somos iguales aunque seamos diferentes, o la más curiosa que es (literalmente) como Sebastian ve aplastada sus ambiciones literarias.

El apartado técnico es absolutamente brillante, una creatividad espectacular en su realización hace que permanezcas clavado a la pantalla, una pequeña joya inolvidable, que, aunque se aparte un poco del cuento original, es una pieza única en el universo de Guillermo del Toro.  La técnica para narrar la historia es la animación por ‘stop motion’, ese alarde de plastilina solo al alcance de virtuosos, y por eso comparte en los créditos la dirección con Mark Gustafson, auténtico maestro en esta animación sincopada.

Claro que el deslumbrante diseño de las entidades, criaturas y demás personajes alude a la extravagancia y diversos aspectos mitológicos para sacarles de las convenciones establecidas por otras versiones mucho más ligeras. Pero lo que hace por momentos la gran diferencia es la manera en que se mueven, empezando por el muñeco de madera en cuestión cuya articulación llega a ser inquietante y hasta siniestra.  Y esto es porque Del Toro quiere que tengamos claro que Pinocchio es diferente y como dicen en un momento en los diálogos, “debemos amar a los demás aunque sean diferentes a nosotros”.

“Guillermo del Toro Pinocchio” es una obra brillante, atrevida y sobre todo ambiciosa que al final tiene sus frutos.  Es mucho más compleja de lo que parece y es sin duda, una maravillosa obra, de la cual pasaré por alto sus pequeños puntos negativos porque es más hermoso y vale la pena.

Veredicto

Es tan hermosa que no vale la pena mencionar sus puntos negativos.  El guion, la historia, los personajes, su mundo, todo es hermoso y vale la pena viajar a ella.

8 / 10

Cuando Baran bo Odar y Jantje Friese crearon “Dark” (una de las mejores series) sin duda alguna más de uno se quedó tentado en que otra serie o película los alemanes iban a traernos.  La espera ha terminado y 1899 está aquí con nosotros.

La trama es simple: un barco lleno de inmigrantes con destino a New York, empieza a ser parte de sucesos inexplicables.  Todos los personajes tienen un trauma y esto se verá reflejado en los sucesos que van sucediendo.  Más que uno podría comparar esta serie (e incluso a Dark) con LOST, aquella creada por J.J Abrams y Lindelof, pero nada que ver.  Al contrario que estas dos, 1899 es un thriller de época con toques a la ciencia ficción y pinceladas existencialistas envueltas en una trama que también toma muchos elementos del noir clásico y del suspenso.

Los personajes son de diferentes procedencias, hablan distintos idiomas y no siempre logran comunicarse entre sí, aunque algunos establecen vínculos entre ellos pese a esa barrera. Esto hace un poco pesada la interacción entre los personajes, un poco árida, pero a la vez plantea la posibilidad de acercamiento con otros más allá del lenguaje.  Entre ellos se destaca a Andreas Pietschmann como el Capitan Eyk, Miguel Bernardeau quien consigue lograr un personaje enigmático y sentimental, y Maria Erwolter como Iben, la madre religiosa extrema quien se roba cada una de las escenas.

Lamentablemente los desarrollos de estos personajes secundarios no es más que una excusa para llevarnos a ningún lado ya que, a diferencia de “Dark”, en donde todos estaban conectados, aquí no lo están y es simplemente una cantidad de personajes yendo y viniendo con historias en las cuales no están conectadas ninguna.

1899, propone cuestiones filosóficas interesantes como el mito de la caverna de Platón, la prisión donde los personajes se sienten encerrados, en su pasado, en su presente y en el barco.  O la idea del lobo, propuesta por los trabajadores de los hornos del barco.  Posee mucha simbología como las cartas, los triángulos, los nombres crípticos como «Prometheus» o «Kerberos» o incluso la mística del mar; y recursos literarios, que son parte de la gracia para enriquecer la historia.

En definitiva, 1899 es una apuesta sólida que tiene muchas posibilidades interesantes. Consigue crear una atmósfera e identidad propias que enganchan desde el primer capítulo. De momento, no, no es una obra maestra y no está a la altura de Dark. En algunas ocasiones puede caer en lo pretencioso o didáctico. Muy disfrutable si te gustan las historias misteriosas, la ciencia ficción y los rompecabezas.

Veredicto

Atmosférica, cinematográfica y totalmente adictiva. Los creadores de ‘Dark’ han regresado con otro críptico rompecabezas.