El tema del exorcismo en el cine, es muy manejado.  “The Pope Exorcist” no es la excepción.

Esta película, dirigida por el australiano Julius Avery, quiere mostrar el inicio del padre Gabriele Amorth, interpretado por un maduro y espléndido Russell Crowe, como exorcista en el Vaticano. Amorth ejerció su labor hasta su muerte a los 91 años en 2016.

Fue ordenado sacerdote católico en 1954 y se convirtió en exorcista oficial en junio de 1986, cuando empieza la cinta. Amorth es autor de numerosos libros sobre la temática específica del exorcismo. No cuentan como documentos oficiales de la Iglesia Católica, sino que son anotaciones personales de su oficio como tal. Los escritos usan relatos de testigos oculares y su experiencia personal. Realizó más de cien mil exorcismos a lo largo de su vida.

Aunque, obviamente, el largometraje cambia datos históricos e incluso puede exagerar las reacciones demoníacas con buenos efectos especiales, está basado en hechos reales. Aquí se centra la curiosidad del film. No sólo es una propuesta de exorcismos y terror religioso, sino que toca muchos elementos propios del género de acción.

El film de “The Pope Exorcist” usa como leitmotiv todo lo relacionado a los exorcismos, pero por suerte el director huye, acertadamente, de planteamientos metafísicos para centrarse en lo que verdaderamente es un exorcismo. Es en este punto que se va tornando a la acción con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva. Entre lo positivo, un ritmo trepidante que cuenta con una sucesión de imágenes magníficamente rodadas que hacen que se nos pase volando.

El guión está muy bien estructurado. Une al ya comentado ritmo, una sucesión de escenas que impresionan por lo bien rodadas que están. En su contra, algunos elementos que, suponemos que están utilizados para hacerla más entretenida, chirrían bastante con algún que otro salto que nos puede parecer incomprensible (la escena cuando Amorth sale de Italia para llegar a España y parezca que solo ha pasado 2 minutos, es una de ellas).

Con el reparto encabezado por Russell Crowe en el papel de padre Gabriele. Es chocante y a la vez agradable, escucharle hablar italiano. Solvente en su papel al cien por cien.  De hecho, es quien levanta la película en TODO su metraje, junto a un Daniel Zovatto solvente y que va creciendo y desarrollándose mientras avanza el filme.  Los demás son convincentes en lo que puede darles el guión.

“The Pope Exorcist” no es “El Conjuro” pero no lo necesita.  Es una película que hará las delicias de todo aquel al que le fascinen los films de exorcismos. En este aspecto destaca sobremanera. A los poco habituados o poco complacientes con cintas de estas características decirles que le den una oportunidad. Sin duda pasarán un buen rato.

Veredicto

El exorcista del papa supondrá un visionado satisfactorio para los fanáticos del terror, y supone una buena ocasión para descubrir e iniciarse en la jugosa vida de Gabriele Amorth.  Con sus errores y virtudes, es un buen entretenimiento.

6 / 10

Tetris es uno de los juegos más famosos que existe, y como bien dicen en la película, “es algo que jugarían tanto niños como adultos”.  La película dirigida por Jon S. Baird, que particularmente a mi me gusta muchísimo “Filth”, uno de sus filmes, se une a Noah Pink como guionista (ya experto en escribir guiones biograficos para la serie de Nat Geo “Genius”).

El filme presenta de entrada un tono entre lo nostálgico y ligero, y con una estética muy similar a los juegos de la época (los 80´s).  Henk Rogers (interpretado por Taron Egerton), es un empresario que vive en Japón y lidera una empresa de videojuegos, que está buscando cómo sobrevivir en el mercado.  Mientras el filme avanza, va tomando un tono de espionaje contra la USSR (Unión Soviética), contando cómo lograron conseguir los derechos de este singular videojuego y las peripecias que tuvieron que suceder.

Antes que nada, es claro saber que Tetris se toma varias libertades con la historia real.  Algunas ideas bastante atractivas y otras un poco fuera de tono, que sacan del filme porque se siente que es una crítica política directa, y por más divertido que la estemos pasando, no hay gracias en aquellas escenas con un establishment político muy a la clara.  Entonces nos regalan dos horas de un filme, que a simple vista va funcionando pero que poco a poco se empieza a tornar algo agotador, aunque el director inteligentemente logra pisar el acelerador para llevarnos al final, en un clímax gracioso que hace que no le prestemos atención a esos huecos de guión y deus ex machina que se van repartiendo en ese tercer acto.

La película intenta crear una tensión cómica entre las partes muchas veces usando un recurso casi teatral de ir y venir entre cuartos y negociaciones, jugando a dos o tres puntas con los implicados, a quienes los soviéticos tratan de manipular para conseguir más dinero. El problema, quizás, es que el conflicto en términos concreto es tan pero tan específico (digamos que todo se concentra en la diferencia entre derechos para computadoras, para Arcade Games y para portátil (en este caso Game Boy), que a veces se torna confuso.

Baird intenta resolver este problema creando personajes muy marcados desde la caracterización y los acentos: Maxwell, su hijo Kevin, Stein, los soviéticos –que se dividen entre los más serios que pertenecen a la empresa y los más corruptos de la KGB–, Henk y sus aliados de Nintendo.  La familia japonesa de Henk, y la familia del creador del juego como el creador del juego.  Y entre todos estos, algunos caricaturizados, otros doblemente caricaturizados (el hijo de Maxwell interpretado por Anthony Boyle).

Esta historia hubiese quedado perfecta en las manos de un director del calibre de David Fincher, quien tal vez hubiese reducido la dosis de humor (que no es que esté mal) para hacerla más un thriller político mezclado con espionaje.  Pero al final, Tetris quedó como quedó, con momentos bien logrados (con una música muy interesante a manos Lorne Balfe con Guadalupe Barbara) y una visión limitada, dejando claro que muchos no sabían cómo narrar esta historia y salió lo que salió.

Veredicto

Es una convincente historia sobre el origen de un videojuego que pudo haber sido muchisimo mejor.

5 / 10

Quien diría que aquella película de bajo presupuesto y con miras a ser una obra menor, iba a lograr evolucionar el género de acción y se convertiría en una saga exitosa.  John Wick: Chapter 4, inicio, por si alguien lo olvida, como un proyecto de una sola entrega para los amantes del género de acción.

Como es Hollywood, cada segunda, tercera, cuarta, quinta o hasta décima parte de una película, tiende a ser más grande, más cara, más larga, más espectacular, pero no necesariamente mejor que la primera.  John Wick: Chapter 4, rompe con eso y si bien su argumento y guión nunca fue algo de maestría, cumple su propósito con creces y hasta lo supera.  Y si bien, al final de la tercera (la cual considero que es un simple interludio para esta cuarta parte), las cosas quedaban un tanto repetitivas (John Wick luchaba hasta la eternidad, siendo herido pero sobreviviendo, mientras que aparecían personajes mas y mas fuertes y exagerados, como si de un videojuego se tratase), no es para nada una mala película.  De hecho, con todo y sus pegas, funciona para aportar otro granito más al mundo mafioso de este universo.

Ahora bien, más allá de las set pieces apoteósicas y ese imaginario entre el heroic bloodshed (el director John Woo debe estar orgulloso) y el goticismo ochentero (con muchos, pero muchos momentos que recuerdan a “Black Rain” de Ridley Scott), el filme protagonizado por un Keanu Reeves en estado de gracia, no es que sea lo más original.  De hecho, uno mira hacia atrás y se da cuenta que hemos estado viendo de una forma u otra la misma temática, pero no importa porque esas coreografías interminables y tiroteos exagerados, ayudan a mitigar toda coherencia y nos entregan más de hora y media de entretenimiento donde en más de una ocasión abriremos los ojos sorprendidos por haber desafiado la física.

Alabado sea el plano secuencia con una cámara cenital o la escena de vehículos en Francia.  Al duelo spaghetti western muy a lo Sergio Leone, que tiene la película o los elementos de tributo a “The Warriors”.  John Wick: Chapter 4 es un entretenimiento digno y una de las sagas de acción que han aportado tanto al género.

En las actuaciones pues cada quien en lo suyo.  Keanu Reeves, que ha demostrado actuar mejor con su cuerpo que con su rostro, hace lo que mejor sabe hacer.  Destacando en esta entrega está un Bill Skarsgard más pasivo que de costumbre, Hiroyuki Sanada que se le vio hace poco en Bullet Train, un Scott Adkins irreconocible y la cereza del pastel, un Donnie Yen que cada una de sus escenas es oro puro.

En cuanto a la música, vuelve Tyler Bates con esa electrónica mezclada con sonidos muy propios del rock pero no es industrial como logra Junkie XL, sino algo muy particular de él.  La fotografía de Dan Laustsen, como dije, es muy goticismo ochentero que recuerda mucho a “Black Rain” o a “Lethal Weapon”.

John Wick: Chapter 4 es brutal y violenta, pero no se regodea en la sangre sino que tiene la estructura acumulativa y la lógica de un videojuego para mantener al espectador entretenido.

Veredicto

Si uno se entrega y se abre a la propuesta sin ponerse a cuestionar la amplia suspensión de incredulidad que requiere se encontrará con la película de sus sueños, un film de acción para acabar con todos los films de acción.

7 / 10

Ahora con «Shazam: Fury of the Gods», uno recuerda la primera entrega de Shazam, la cual fue un producto fresco y original.  Entre tantas películas de superhéroes con mundos conectados, el personaje de DC Comics creado en 1939 (se llamaba Capitán Marvel hasta que en el 2011 le cambiaron el nombre al que conocemos) fue un respiro de aire fresco bastante disfrutable.  Esta vez sigue igual pero con fallas más notables que la anterior.

La historia sigue a Billy Batson y sus hermanos, los cuales han adquirido poderes y son héroes, pero recordemos que siguen siendo niños.  Cuando un día llegan a la Tierra, las Hijas de Atlas, un vengativo trío de antiguos dioses, buscando la magia que le habían robado hace miles de años, se ven envueltos en una batalla por sus vidas y la de sus seres queridos.

Si te sientas a ver la ficha técnica de «Shazam: Fury of the Gods», te das cuenta que el director de la primera está de vuelta (David F. Sandberg), también está de vuelta uno de los dos guionistas (Henry Gayden), el elenco está de vuelta casi en su totalidad y encima incorporan actores de la talla de Hellen Mirren, Lucy Liu o Rachel Zegler.  Todo está preparado para ser igual o mejor que la anterior, pero no es así, ¿por qué? porque el error está todo a la vez en todas partes (el chiste está bueno).  Durante aproximadamente hora y media de cinta, de las más de dos horas a las que se va este largometraje, podemos observar una pérdida completa de la magia y el tono que envolvía a la primera entrega. Los gags cómicos no funcionan por ningún lado.  Los gags cómicos no funcionan.  Pero eso no sería tantísimo problema si, al menos, la película funcionase como un espectáculo de luces y nos diese grandes “Set pieces” de acción que camuflaron las partes más tediosas. Pero, amigos míos, eso tampoco ocurre hasta el final. Durante la primera hora y media de cinta asistimos a un montón de tramas y subtramas que no solo carecen de interés, sino que están mal desarrolladas. Es como si quisieran abarcar de más, ponerse más profundos para que la gente se los tome más en serio, pero no fuesen capaces de hacerlo en condiciones. Con lo cual, acabamos por tener una hora y media de película con un problema enorme de ritmo.

Por otro lado, los actores adultos en su versión Shazam están absolutamente perdidos, no sé si es cosa de ellos o de quién los dirige, pero algo no está funcionando nada bien. No tienen ni la química que tiene el elenco infantil entre ellos -que están a años luz de distancia y son de lo mejor de la película-, ni tampoco el carisma que se espera de este tipo de personajes. Es cierto que repiten de la anterior, pero a excepción de Zachari Levi -que es el más salvable de todos, aunque también está peor que en la primera entrega- el resto no habían tenido prácticamente metraje en la uno y eso, quizá, había ocultado las carencias interpretativas.

 Y es que nadie espera ver que “Shazam: Fury of the Gods» tenga una trama super compleja llena de profundidad, porque hablamos de unos niños que al gritar un nombre se convierten en héroes, pero al menos algo de desarrollo no hubiese caído nada mal.  No es que tampoco sea la peor película, que no lo es, las cosas como son, pero sí ha sido un bajón a diferencia de la primera, que la había visto unos días antes.

En definitiva, “Shazam: Fury of the Gods” es una película muy desequilibrada en la que sientes que las cosas no van mal, pero falta algo, por la falta de un desarrollo en el guión y un ritmo bastante extraño donde parece que acelerara y se queda frenada, pero que luego acelera sin y frena de golpe.

Veredicto

«Shazam: Fury of the Gods» es una película entretenida que le hace falta magia.  El espectador se sentirá algo perdido y desconectado en el inicio por una dirección desequilibrada.

5 / 10

Cuando Elizabeth Banks anunció que estaba dirigiendo “Cocaine Bear”, una película donde un avión de unos narcotraficantes tiran unos kilos de cocaína y este cae en un bosque donde un oso de 500 libras lo consume y se vuelve loco iniciando una matanza de turistas, las alarmas se dispararon, y más porque resulta que está basado en una historia real.

Lo interesante del filme es todo lo que se ha construido a partir de una obra, que per se, no parece más que una producción cualquiera de serie B (que en momentos, Banks lo reconoce y juega con ello), que en otras circunstancias y de haber salido en streaming (y sin el humor del internet), habría pasado sin pena ni gloria.  La pregunta es clara: ¿vale la pena ver el meme hecho película? Sorprendemente si, porque no es tan mala como podría parecer en un primer intento y más con esa sinopsis.  Eso sí, que el chiste no justifica más de una hora y media de metraje, y lo peor de todo, que mientras avanza el filme, Banks se va calmando a unos niveles que hacen mirar varias veces el reloj esperando que acabe.

Como si de un slasher se tratase (este oso se carga a más personas que Jason en sus mejores días), el filme inicia con una secuencia donde el oso acaba con dos campistas despistados y ya con esos primeros minutos podemos ver cuál será el tono de la película, para bien y para mal.  Osea, vemos lo que esperábamos, que es un oso drogadicto matando personas a diestra y siniestra, pero a la escena le falta mas garra, y para poner un ejemplo, están los primeros minutos de Scream 6 o la divertidísima escena inicial de Halloween Kills, donde Myers se lleva por delante a varios bomberos de la forma mas salvaje posible.  Y ahí es que trato de llegar, que a la película le falta un gancho.  Algo que sorprenda al espectador más allá de ver un pie arrancado, o un oso devorando una cara.

La fotografía, que imagino fue adrede por John Guleserian (porque en Candyman consigue una calidad impecable) es demasiado a serie Z, algo que en realidad le resta a lo creativo.  Porque es como si se forzara en querer verse de bajo presupuesto pero siendo un producto hecho por manos que podían dar un gran presupuesto.  En cuanto a los personajes están escritos de una forma tan cretina y descarada, que es difícil conectar con alguno, a pesar de que nadie actúa mal.

Y no es que espero seriedad en un producto como tal, pero si la premisa me invitaba a ver un viaje de locura de un oso cocainómano, pues lo mínimo que esperaba era ver un viaje de locura de un oso cocainómano lo mas salvaje posible y no de forma tímida.

Eso sí, que mantiene un humor altamente negro y punzante.  Su puesta en escena no es que sea la más brillante pero sí cumple lo suficiente para que no se convierta en un verdadero tedio.  Sinceramente «Cocaine Bear», logra ser un slasher animal donde cada muerte que se adjudica el oso termina siendo una pasada absoluta de sangre y gore.

«Cocaine Bear» pudo ser mucho mejor de lo que es y podría llenar expectativas como se vendía, pero por razones desconocidas nos entregaron esto y, bueno, no ha quedado más nada que ver este producto final.  Elizabeth Banks demuestra que es una directora versátil.

Veredicto

Inaudito que con un gran estudio detrás, no sean capaz de hacer una obra serie B ni intentándolo.  Al menos entretiene por gran parte de su metraje, haciendo que el filme aunque sea olvidable podamos pasar un rato agradable.

5 / 10

Muchos decían que el slasher estaba muerto (Halloween es buen ejemplo de lo falso que eso es) y es curioso como cada día toma más fuerza.  Scream 6 es sin duda mucho mejor que Scream 5, la cual estaba a nivel de la primera, así que esto es mucho decir.

Hay una escena en particular, en donde una profesora de cine, interpretada por Samara Weaving dice lo siguiente: “un slasher es perfecto para estudiar la coyuntura generacional de la época”, y no hay palabras más ciertas que estas.  El personaje de Melissa Barrera, así como su actuación, son de lo mejor de la película. Tanto por su sencillez y modestia que, sin resultar contenida, representan la superación de la expectativa: Jenna Ortega, entonces, queda relegada a un no menos importante segundo plano, algo que personalmente agradezco porque está en boca de todos últimamente y los méritos de Barrera son, a mi juicio, más sustanciales e infrecuentes. El resto del reparto pasa por ahí, y se echa en falta la talla de secundarios que solía tener la saga.

El guión de Scream 6 viene a cargo de James Vanderbilt y Guy Busick, que logran un trabajo decente, pero no se comparan con Williamson quien escribía las mejores interacciones discursivas de la saga.  Los diálogos pecan de formulaicos y no consiguen generar situaciones muy genuinas, y a pesar de que si saben mantener un desarrollo entre personaje e historia, tampoco es que estamos ante los diálogos afilados de costumbre.

La puesta en escena de algunas de las secuencias más terroríficas de la saga es excelente. No solo la escena del metro, que se ha podido atisbar un poco de ella en el tráiler de la película, sino que tiene una secuencia de “persecución” en interiores que hará las delicias de los fans del género.

Posee secuencias de acción trepidantes y momentos de tensión muy logrados. Nuestro matarife de la cara de fantasma se muestra más letal que nunca y su cuchillo corta la carne como si fuera mantequilla. Pero, y aquí viene lo que me dejó un poco frío, alguna cosa falla en esa maravilla que todos anunciaban. Si uno se replantea las situaciones que está presenciando (algo que no debe hacerse nunca en el cine de terror), la película falla en ser un producto del montón y sin riesgos.  Diálogos metidos con calzador, una trama que se advierte fácilmente y un desenlace que, aunque intenso, me dejó insatisfecho. Quizás por su obviedad, porque desde que cierto personaje hace abre la boca, ya uno sabe que viene.

Pese a ello, nos encontramos con una entrega más que digna. Excelente por momentos, trepidante y llena de buenas intenciones dentro de una saga que no decae.  Scream 6 logra un espacio para sus fanáticos y para los amantes del terror (principalmente del slasher).

Veredicto

Sinceramente, creo que Scream VI, a pesar de estar un poco por debajo de su predecesora, sigue siendo un enorme producto de entretenimiento. Alterando esos momentos de puro terror y tensión constante con esos otros instantes mucho más distendidos y que están plagados de un humor negro muy metacinematográfico tan marca de la casa.

6 / 10

La factoría Marvel no tiene planes de rendirse y este filme que abre la tan mencionada “Fase 5” (a pesar de que de antesala “Loki” y (tal vez) “Doctor Strange and the Madness of the Multiverse” sean quienes empujen un poco a esto), lo deja en evidencia.  “Ant Man and the Wasp: Quantumania” no solo tiene un nombre bastante ridículo sino que se han preocupado tanto de ir hacia delante y ser mas grandes de lo que son, que no ha habido tiempo de detenerse a reflexionar.

En este párrafo resumiré todo lo que pueda del filme, para quien solo quiera saber si vale la pena ir a cines o esperar a que llegue a sus plataformas para verla.  De entrada el filme es entretenido y visualmente llamativo.  Hay (otro) mundo nuevo que ver, aunque no se indaga en ello.  Su villano tiene gancho y promete bastante, mientras que los protagonistas son carismáticos.  ¿Verla en cines? Fácilmente puedes esperar a verla en streaming.

Ahora bien, quitando todas las capas de las que Marvel nos está acostumbrado a incluir, el filme carece de tantas cosas y falla en muchas otras que es difícil imaginarse otra vez esperando otro mega evento.

En la sala, al final, alguien me dijo “tal vez no estamos haciendo viejos y esperamos que las películas sean más maduras” y es gracioso porque me dejó pensando que “Black Panther: Wakanda Forever” es bastante madura y aún así falla por igual.  Lo mismo con “Moon Knight” pero esta otra también falla.  Y es que Marvel ha apostado más por incluir cameos de personajes nuevos a los que más adelante les sacará provecho, como incluir situaciones gigantescas a las que, más adelante le sacarán provecho, como también incluir villanos poderosos que no terminan de desaparecer, porque más adelante le sacaran provecho.  No se si me doy a entender pero es que estamos viendo constantemente un tráiler largo de lo que viene más adelante.

Los desarrollo en Ant Man and the Wasp: Quantumania son nulos, a pesar de que Jonathan Majors hace un espectacular trabajo como Kang El Conquistador, pero es que a pesar de todo, se siente totalmente vacío y fuera desdibujado.  Aunque en honor a la verdad, es interesante como el villano corrobora parte de la historia contada por otra versión de el en Loki, pero con cambios, dejando al espectador si lo que dice es real o no.

Ya a estas alturas no vale la pena indagar y preguntarse cosas.  Si bien nunca se van a obtener respuestas de porque Nick Fury nunca llamó a Capitana Marvel ante las amenazas que ocurrieron, o porque Scarlet Witch no destruyó a Thanos al verlo en Endgame, pues asumimos que no se obtendrán respuestas del porqué Scott Lang nunca se encontró con Kang en todo el tiempo que estuvo en el Reino Cuántico después del chasquido, y asi nos pasamos el filme completo; viendo sucesos tras sucesos para completar un rompecabezas que ya sabes como termina.

Más allá de la falta de desarrollo en el guión, de la exageración del CGI y de ser otro filme que tiene en planes ser el escalón para algo más, Ant Man and the Wasp: Quantumania es una decepción que solo el carisma del actor Paul Rudd y Jonathan Majors hace que esto sea menos tedioso.

Veredicto

No hay duda alguna que Marvel está mostrando desgaste y esto puede afectarles a corto plazo, mientras sigan entregando películas dispuestas a ser más grandes que las anteriores pero solo la muestra de lo que viene, y olvidarse de desarrollar algo.

5 / 10

Es evidente que esta película (Whitney Houston: I Wanna Dance With Somebody) está hecha para los fans de la cantante, porque a diferencia de otros biopics (como “Blonde”), esta trata de darle más peso a sus mejores momentos y no se enfoca (y a veces ni los toca) en los momentos más oscuros de la artista.

La directora Kasi Lemmons y el guionista Anthony McCarten tratan de hacer un recorrido agradable por la vida de la artista, para su recuerdo para los fans y la historia.  Con una protagonista carismática como es Naomi Ackie y con un Stanley Tucci que borda con creces.  Naomi Ackie interpreta a la cantante, y a pesar de tener una buena voz, está doblada por la difunta Whitney sincronizando perfectamente con los labios las letras. También hicieron lo mismo con Rami Malek en Bohemian Rhapsody.

Para ser un filme musical, es inaudito que los momentos musicales tengan una montura algo desastrosas, como por ejemplo en la escena del video (que da introducción al título) “Whitney Houston: I Wanna Dance With Somebody” están tiradas caóticamente: movimientos de cámara innecesarios; estilo de rodaje que a ratos quiere simular el de cámara en mano y luego se olvida; microzooms, cortes de plano continuos que te impiden disfrutar de los rostros de los actores demasiado tiempo; etc.

En cuanto a los demás personajes son apenas una caricatura. Los hay que desaparecen durante 1 hora de metraje y reaparecen en una situación personal, laboral o familiar totalmente distinta de la anterior sin que te cuenten qué ha pasado de mientras.  Y esto es paradójico, teniendo en cuenta que la película dura dos horas y media y pudo darse la tarea de desarrollarlos a todos.

Como punto aparte, Anthony McCarten dijo en una entrevista que la historia la creó para una “mini serie” ya que había mucho material y una película es quedarse cortos, y se nota, porque la edición y la puesta en escena brillan poco por su ausencia.

En definitiva “Whitney Houston: I Wanna Dance With Somebody” es una película decente de la cantante Whitney Houston que para quienes son fans, la disfrutarán muchísimo.  Sin embargo para el que no lo sea y quiera conocer algo de la artista, esto no será más allá de un artículo de Wikipedia.

Veredicto

Una película superficial de la historia de Houston, con una buena banda sonora y actores comprometidos.

5 / 10

El mundo ama los comebacks, y más cuando tienen una historia de superación como es el caso de Brendan Fraser, al cual le cae como anillo al dedo la historia que se cuenta en “The Whale”.

El director Darren Aronofsky no es un Lars Von Trier que causa malestar en sus personajes y en el espectador, ni tampoco un Christopher Nolan que busca engañar con ilusiones.  Aronofsky es más bien un director que su riesgo, su pomposidad suele ser, por lo que sus detractores le terminan siempre atacando, ser una película compuesta al detalle.  En ‘The Whale’, Fraser da vida a Charlie, un solitario profesor de escritura que pesa más de 250 kilos y cuyos excesos bulímicos le sitúan al borde de la muerte.  Traumatizado por una trágica pérdida e intuyendo el final de sus días, Charlie intenta restablecer el vínculo con su hija de 17 años, Ellie, lo cual no será fácil.

La trama transcurre enteramente en el interior del apartamento de Charlie y permite a Aronofsky reincidir en su interés por el trabajo con espacios y situaciones claustrofóbicas, algo que traslucía en films como ‘Réquiem por un sueño’ o ‘The Mother’, aunque cabe decir que en esta ocasión el director neoyorquino se desmarca de la experimentación formal para abrazar una puesta en escena más clásica.  Y si bien en el apartado estético su interés es de aspecto más dramaturgo, en las actuaciones no se queda atrás.  Al igual que ocurría en una de sus películas anteriores, «El luchador», Aronofsky nos muestra unos personajes obsesivos, adictivos o que lidian con su físico y los problemas de sus caóticas vidas, todo ello para intentar llevar una existencia normal.  Su estrategia es unir el destino del personaje con el del actor.  Si Mickey Rourke en “El Luchador” acaba por coincidir su personaje derrotado con su vida, o Jennifer Lawrence en “Mother” entraba en la agonía de los excesos (en ese caso la prensa, sus tantas películas en poco tiempo y otras cosas), aqui une a Brendan Fraser con el personaje.

El director de “The Whale” exprime a Fraser en lo que tal vez sea el papel de su vida, con una actuación que levanta por todo lo alto la película y funciona en su regreso, pero que lamentablemente se ve empañada por un guión y una dirección muy cuestionable.  Y es que “The Whale” acentúa de forma exagerada y mal compuesta la fatalidad del personaje, invitando a los demás a tratar con menosprecio; incluso aquellos que le aprecian caen en la desconsideración guiados por el auto-odio que el protagonista acarrea a sus espaldas.  Algo que en “The Joker” vimos con claridad, donde el director buscaba la compasión del público con escenas melosas.

Más allá de su ruidoso despliegue dramático y las ya habituales parábolas del director, ‘The Whale’ llama la atención por el trabajo de Brendan Fraser, que por un guión y una dirección empeñada en ser indulgente, en vez de ser una observación mesurada y pausada.

Veredicto

Aunque tiene un protagonista cautivador, acaba convirtiéndose en algo tan sincero como bobo.  En su mayor parte, simplemente, no es tan buena como la interpretación de Brendan Fraser.

6 / 10

Ya se ha convertido en casi una tradición que en epocas navideñas esperemos aquella pelicula de humor negro y ultra violencia que busca colarse para los amantes de la navidad y el gore, como es en este caso Violent Night.

La premisa es simple: un grupo de mercenarios irrumpen en una casa de una familia adinerada en plena Nochebuena, tomando de rehenes a todos los que están dentro de ella.  Sin embargo con lo que no contaban era que el niño del hogar, le pida a Santa Claus como deseo que los ayude.  Y hasta ahí el asunto es interesante y de hecho, tiene todos los elementos para ser una comedia negra de lo más salvaje, sin embargo da la sensación de que el guionista y el director tenían constantes diferencias ya que el tono de la misma sube y baja.  Por momentos es violenta a mas no poder y usando el humor negro como escudo, pero luego se torna un drama forzado.

Es decir que en sus momentos de acción cumple lo suficiente y de hecho, es bastante interesante, pero cuando quiere abrazar la faceta navideña se convierte en otra película del uso y mal empleada.  A diferencia de otros medios como Hawkeye que el elemento navideño es solo un recurso para hacer avanzar la trama, aquí en cambio la estanca, y encima se burla sin ningún tipo de pudor de clásicos como “Die Hard” o “Home Alone”.

Entre lo mejor del filme está un David Harbour (Stranger Things) que como siempre, es muy carismático y cae bien, ya que el villano de John Leguizamo es casi una caricatura andante con una falta de desarrollo extremo.

Al final del día Violent Night es un filme que pudo haberse convertido en algo muy bueno pero solo cumple con entretener a medias con muchos momentos que no terminan de entenderse del todo, pero, qué más da porque a los 30 minutos ya se pierde el interés.

Veredicto

Quiere ser mas que una pelicula SerieB pero su direccion y guion no se lo permiten.  Ingeniosa a ratos, pero la mayor parte del tiempo es un cumulo de escenas repitiendose.  David Harbour trata de hacer lo mas que pueda y su accion es divertida, pero pasado 30 minutos ya se pierde el interes de la historia.

4 / 10